¿Reformas económicas: De qué dependen?

¿Reformas económicas: De qué dependen?

Omar Zambrano Vega

Economista /  Centro Nacional de Competitividad

La globalización ha supuesto grandes avances para la humanidad gracias al crecimiento, la generación de empleos y la integración económica. Sin embargo el proceso también ha constituido un desafío para los gobiernos tanto de países desarrollados como aquellos en vías de desarrollo todos los cuales de alguna forma se han visto enfrentados a la necesidad de un continuo y a veces impredecible proceso de cambio.

Y es que, para bien o para mal, en la mayoría de los casos la globalización demanda un proceso continuo de aumento de la competitividad y de la eficiencia para lograr objetivos fundamentales  como crecimiento sostenible, mejor distribución de la riqueza y reducción de la pobreza.

Sin embargo por loables que resulten estos objetivos entrañan cambios que casi indefectiblemente enfrentan  resistencia de parte de la población en parte por factores culturales o ideológicos, por intereses creados, o simplemente por desconocimiento o miedo al cambio.  

¿Cómo gestionar entonces reformas en este contexto? Lo primero consiste en reconocer que  estas reformas se desenvuelven inexorablemente en un contexto político. Es decir las políticas públicas no se dan en un vacio o bajo condiciones perfectas de laboratorio sino en un entorno democrático en donde hay un rejuego de intereses, de poder y de actores que interactúan generando con frecuencia resultados impredecibles.

De allí que uno de los elementos imprescindibles para quienes formulan políticas consista precisamente en actuar no por intuición sino a través de una metodología que reconozca la dinámica y características de ese entorno en el cual se instrumentan las reformas.

Con frecuencia los técnicos que formulan políticas públicas alegan que no son políticos, pero la realidad es que las propuestas técnicas que formulan–quieran ellos o no– se dan en un contexto que exige un entendimiento mínimo de la dinámica política.  Existen varios ejemplos de cómo algunos gobiernos han fracasado por este innecesario divorcio entre lo técnico y lo político.  Un ejemplo clásico es la fallida reforma de la salud pública promovida por  Bill Clinton.

Cuáles actores estarían a favor y cuáles en contra de una reforma,  cuál sería su nivel de apoyo, o resistencia a la iniciativa, cuál es su nivel de fuerza? Son preguntas claves que de paso sirven como base para un modelo de gerencia conocido como análisis de involucrados.

Por ende se requiere un análisis de los jugadores  en cuanto a cuáles pueden ser sus intereses y posiciones respecto del cambio propuesto y de las posibles consecuencias de las acciones y posturas que asuman los mismos.

Normalmente hay lo que se considera ganadores y perdedores en un cambio de políticas públicas. Al evaluarlo así, se trata de maximizar los beneficios del bien común y a la mayoría de la sociedad  y de minimizar los costos de los llamadas perdedores, inclusive comparándolas para neutralizarlos o lograr su anuencia. La educación pública sobre las bondades de esa política es un elemento clave de este proceso.

Igualmente se deben evaluar las diversas oportunidades y obstáculos para conocer cuáles son los mecanismos para sortear estos obstáculos y lograr además el apoyo de los grupos que potencialmente pueden apoyar y/o beneficiarse de estos procesos para aliarlos al proceso de cambio. En resumidas cuentas quienes ejecutan procesos de cambio no deben actuar por instinto sino de forma metódica y con apego a una estrategia.

En el caso de Panamá, según el Fondo Monetario Internacional durante los próximos años el crecimiento del país va a depender sobre todo no tanto de las inversiones públicas sino del aumento de la productividad lo cual va a estar determinado por reformas que seguramente abarcarán entre otros el mercado laboral, la estructura arancelaria, la educación y la salud pública, temas todos altamente sensibles políticamente.

Sobre el tema de productividad es importante destacar los señalamientos hecho por el Dr. Marco Kamiya (Ejecutivo Regional Principal de la Dirección de Políticas Públicas y Competitividad del Banco de Desarrollo de América Latina del CAF) en el 6º Foro Nacional de Competitividad realizado en octubre de 2011, donde señaló: La productividad aumenta a medida que las firmas más productivas se expanden y acaparan una mayor participación en el mercado que las firmas menos productivas. A veces, las firmas menos productivas quiebran. Otras veces, reaccionan ante la competencia aumentando su productividad. Cualquiera sea el caso, la productividad promedio sube. La competencia es esencial para que este mecanismo opere. Pero la innovación también es importante. Para promover la innovación, la competencia es útil, pero no siempre es suficiente. Políticas dirigidas a promoverla puede que ayuden a redirigir el sendero de crecimiento de Panamá hacia sectores más proclives a incrementar la productividad y a adoptar innovaciones.

Por último frente a este desafío no cabe duda que vale la pena evaluar la conveniencia de utilizar un método más estratégico para apuntalar la viabilidad y sostenibilidad de las reformas pendientes.

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