Reglas imbatibles para romper alianza

Reglas imbatibles para romper alianza

Jaime Porcell

Investigador de Mercado

 

Primera regla: Decida qué tipo de oposición hará. Dependerá de, luego de dos años de intimidad, qué   tan vulnerable quedó Varela y copartidarios. Un estilo conciliador supone oposición responsable que protege gobernabilidad y apoya o adversa, según sean los temas.  Lo intentaron la democracia cristiana (1991-94) y Papa Egoró  (1994-99). El elector, quien lee mensajes blanco o negro, terminó confundido  y los castigó en la siguiente elección. Además, cualquiera vería prudencia en evitar enfrentar el mandato del panameño más poderoso.

Si se decanta por el estilo confrontador podrá poner por encima  la recuperación de la dignidad panameñista o aquella separación de poderes indispensable en democracia. Pero, prepárese. Dice Durán, sólo amarrar a Leonard era abracar un poste. Asirá usted un estacón de macano negro sonaeño que maneja información sensible y sabe negociarla.

De pedir tregua apenas en el primer escarceo, evitará consecuencias. Mas, ¿qué respeto puede aspirar del presidente o de las gradas  aquel Pepermint Fraser quien, al primer rozón,  coge suelo?

Segunda: Prepare cuerpo y mente. Aunque arriesgue fama y fortuna, nunca muestre miedo. Huya  tanto de la prepotencia triunfalista como del trago. Coma saludable e intente dormir bien.

Martinelli sabe que cuerpo y mente actúan como unidad y hace más pechadas que gente de mitad de su edad.  Un presidente conoce de amores y negocios ocultos que nadie quisiera, cayeran en boca ajena. Inspírese en Arnulfo, nunca muestre preocupación por la cola de paja, que aquél  incinera la mitad ante la primera señal de debilidad.

Tercera: Quiebre su cintura para esquivar. Si viene usted frontal terminará preso y/o quebrado.  Si puede escoger, debata en el terreno de la opinión pública. Ante cámaras y micrófonos, mientras más grande y rudo el contrincante, mejor.

Practique desquitar   enviones a sus debilidades. Adelántese y prepare distintos escenarios para cuando, sin aviso, lo destituyan o abran expediente. Asegure coherencia, el poder enfrentará su versión desde el mismo preámbulo.

Cuarta: Blíndese. Encuentre en su pequeñez, la fuerza. Por medio siglo, los adversarios no evitaron que Arnulfo fuese percibido como víctima heroica.  El principio del pequeño intocable Sigue inmutable. Todo quien sacaba  lance al dictador  Noriega, ascendía a héroe. Con la manta de su fragilidad, Mireya capoteó al Toro Balladares.

¿Por qué el jubiloso Eladio Pérez, gana todas sin importar a qué presidente enfrente? Cuando el poder derrota al viejito débil, el elector lo degrada. Mas, si éste gana, ¡qué pendejo! hasta un inválido le pega.

Ubaldo Davis, ese irreverente mediático, gusta provocar a poderosos. La demanda de un ministro chitreano es una ofrenda a su humor  irritante. En esta entrevista excepcional el contexto verbal y gestual con que rodea cada pregunta homenajea, hasta venera. María Carter, la entrevistada, parece un poco menos que Virgen María. La Cáscara siempre ensayó la insolencia para ser graciosa. Aquí Davis lució conmovedor. Entendió que, en su enorme humanidad María Pantalones está blindada.

Quinta: Cultive esquina convincente. Más que él mismo, un político es su equipo. Para derrotar a Leonard, un sapiente Carlos Eleta incluyó a Ray Arcel.

El diputado y amigo Gabriel Méndez advirtió a su colega, fácil hablar con la boca llena. Blandón leyó el intento de desviar a uno que no suelta al presidente. La esquina del  amenazado, sabe, que el  agarrarse con el más grande lo pone camino a la alcaldía.

Al primero que debe agradecer el futuro candidato panameñista a la alcaldía de la capital  es al equipo de asesores del pay-roll presidencial – así los llama el ministro Papadimitriu. ste no logra evitar que, ante cada crisis,  el mandatario entregue en bandeja de plata al diputado la oportunidad de responder igualado de tú a tú.

Conclusión: Estas cinco reglas generales destilan un concentrado cernido a través de 20 años de democracia. No extraña si fungen cual vademécum para la oposición, o igual, de advertencias al poderoso. Pretenden ser imbatibles. Rómpalas usted a placer. Eso sí, no pierda de vista a Frenadeso.

 

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