Retos y oportunidades de un país condenado al éxito

Retos y oportunidades de un país condenado al éxito
Panamá es un país condenado al éxito y que el panorama a futuro es bastante prometedor.| Archivo

El sábado 3 de noviembre, Panamá cumplió 115 años de vida independiente, fecha histórica que, como todos los años celebramos, aunque en esta ocasión con las expectativas naturales de una nación que está próxima a unas elecciones generales en las que sus ciudadanos tendrán la oportunidad de elegir a las personas que guiarán de su destino durante el quinquenio 2019-2024.

Ciertamente, el país enfrenta serios problemas a los que nuestros gobernantes no han podido encontrarles una solución definitiva, eficaz y eficiente, como la falta de un sistema de transporte y movilidad urbana que ponga fin al congestionamiento permanente que se vive en las calles y avenidas de la región metropolitana (conformada por los distritos de Panamá, Arraiján, La Chorrera, San Miguelito y Colón), la falta de medicamentos e insumos médicos quirúrgicos en la Caja de Seguro Social (CSS) y los hospitales del Ministerio de Salud (Minsa), la baja calidad del sistema de educación pública, la falta de seguridad ciudadana, la creciente corrupción en las entidades públicas, el incremento del desempleo y la falta de confianza de los consumidores.

No obstante, esta época de fiestas patrias es quizás el momento preciso para ponderar todo lo que como país hemos hecho bien, generando no sólo empleos, riqueza y bienestar para gran parte de la población panameña, sino también nuevas oportunidades de crecimiento y desarrollo.

Y es que desde el inicio de nuestra vida republicana hasta la fecha los panameños hemos sido conscientes del “destino manifiesto” del país, que no es otro que servir de plataforma para facilitar el comercio mundial, lo cual que se evidencia en el lema de nuestro Escudo Nacional: “Pro mundi beneficio” y se ha traducido en el desarrollo de instituciones y normas orientadas a facilitar el tránsito de mercancías, capitales y personas a través del istmo.

Claro que durante mucho tiempo los panameños pensamos que la piedra angular de ese “destino manifiesto” y el mayor activo de nuestro país era el canal interoceánico, y lógicamente durante casi un siglo luchamos, generación tras generación, para recuperarlo y recuperar con él nuestra plena soberanía sobre toda la geografía nacional, poniendo fin a la existencia de la Zona del Canal, una estructura colonial que Estados Unidos (EE.UU.) desarrolló tras la firma de los Tratados Hay-Buneu Varilla, a penas días después de consumada nuestra separación de Colombia.

Sin embargo, con la transferencia del Canal de Panamá a su legítimo dueño, el pueblo panameño, el 31 de diciembre de 1999 a las 12:00 del mediodía y la decisión de ampliar esa vía interoceánica mediante la construcción de un tercer juego de esclusas, proyecto que se concretó exitosamente en junio de 2016, hemos aprendido que más allá del Canal, nuestro mayor activo como país, y la base de nuestro “destino manifiesto”, es nuestra privilegiada posición geográfica, que nos abre un mundo infinito de oportunidades como la principal plataforma logística y de negocios de América Latina.

Por ello vale la pena enumerar todas aquellas actividades o instituciones que como país hemos logrado desarrollar exitosamente al amparo de ese “destino manifiesto” que ha guiado, sin haberlo definido claramente, nuestro andar como nación libre y soberana: Abanderamiento abierto de naves, Zona Libre de Colón (ZLC), Ley de Sociedades Anónimas, Centro Financiero Internacional, Ciudad del Saber, Hub de las Américas en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, Zona Económica Especial de Panamá Pacífico en Howard, Ley de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM) y Ley de Zonas Francas, así como el complejo portuario más importante y moderno de la región, capaz de mover casi 7 millones de contenedores al año.

A esto habría que sumar una amplia red de Tratados de Libre Comercio (TLC) que ofrecen acceso libre e inmediato para un gran número de productos y servicios que conforma nuestra oferta exportable a más de 35 países, con unos 1,200 millones consumidores potenciales, cifra que podría duplicarse si finalmente se logra firmar el acuerdo comercial que actualmente se negocia con la República Popular China, país que cuenta con 1,300 millones de habitantes.

Por supuesto, el mayor orgullo de todos los panameños es el éxito alcanzado en la administración del Canal, por el que transita ya casi el 7% del comercio mundial, toda vez que hemos logrado algo que muchos dentro y fuera del país pensaron imposible, hacerlo más eficiente que bajo la administración de EE.UU., y para muestra un botón: En el año fiscal 2018 el Canal de Panamá cerró sus operaciones con un histórico récord de 442.1 millones de toneladas CP/SUAB, lo que representó un incremento de 9.5% en comparación al 2017, superando todas las expectativas y contribuyendo al desarrollo del país, mientras refuerza cada vez más la importancia de su ampliación y su impacto en el comercio marítimo mundial.

Tampoco debemos olvidar lo exitosos que hemos sido en el turismo, y es que, si bien en los últimos cuatro años y medio la llegada de visitantes al país se ha visto afectada por la falta de promoción turística, al final hemos visto como las principales marcas internacionales de la industria hotelera se han hecho presente en diferentes puntos de la ciudad capital y el interior del país, lo que constituye una excelente base para el despegue futuro del sector.

Por supuesto, todo esto no significa que Panamá sea un paraíso con abundancia leche y miel para todos, porque sabemos que existe una pésima distribución de la riqueza, lo que se traduce que una gran paradoja porque al mismo tiempo que el país ha entrado a la lista de naciones con altos ingresos, todavía existen regiones y sectores enteros de la población viviendo en la más absoluta pobreza.

Al final, lo importante es que todo indica que Panamá es un país condenado al éxito y que el panorama a futuro es bastante prometedor, lo que significa que quienes quieran sumarse al tren del desarrollo, teniendo más y mejores oportunidades de salir de la pobreza, tendrán que prepararse para responder a la creciente demanda de mano de obra de una economía altamente diversificada, que se encuentra en una fase de cambios profundos y que cada vez se orientará más a ofertar servicios de valor agregado a la carga que transita por el Canal, la participación en las cadenas productivas de alto valor, al comercio electrónico y la agricultura de precisión.

Es precisamente por ello que los panameños tenemos que asumir con especial cuidado la responsabilidad de elegir a un nuevo mandatario el 5 de mayo próximo, ya que si hasta ahora, como economía y como país, hemos podido ser exitosos, pese a nuestra clase política, nada nos haría más daño que equivocarnos y poner las riendas del Estado en manos de personas incapaces, sin visión de futuro y cuyo único objetivo es llegar al poder para acrecentar su riqueza personal sin importar cómo.

Editorial
Edición 911
Del 5 al 11 de noviembre del 2018

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