Retos y riesgos del acuerdo comercial

Retos y riesgos del acuerdo comercial

Hitler Cigarruista

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Capital

La balanza comercial entre Panamá y Estados Unidos (EE.UU.) en el año 2010 sumó $2.729,99 millones, de los cuales $2.518,5 correspondieron a importaciones procedentes de ese país norteamericano y $211,5 millones a exportaciones locales que ingresaron a ese mismo mercado.

Y aunque el Tratado de Promoción Comercial (TPC), que busca disciplinar el intercambio comercial entre ambos países, podría ayudar a disminuir el déficit comercial existente a favor de EE.UU., de $2.307 millones, todo parece indicar que algunos de sus beneficios no estarán precisamente en el terreno comercial, sino en los compromisos establecidos en el acuerdo en materia institucional.

Ciertamente no hay que perder de vista que este acuerdo, igual que los recientemente ratificados con Corea del Sur y Colombia, forma parte de la estrategia del presidente Barack Obama para duplicar las exportaciones de su país, como parte de sus esfuerzos para superar la crisis económica que enfrentan desde hace ya varios años.

De hecho, a nivel ofensivo, EE.UU. logró consignar en el TPC niveles de acceso importantes al mercado panameño, entre ellos destacan la cuota anual de 750 toneladas de porotos, la de 140.000 toneladas de maíz, la de 11.500 toneladas de arroz, 600 toneladas de carne de cerdo (con un programa de desgravación a 15 años) y 3.800 toneladas anuales de lácteos, principalmente en forma de materias primas.

En materia de carne de res se acordó que EE.UU. no tendrá que limitar sus exportaciones a Panamá a uno cuota, por lo que los cortes prime, choice y selectos tendrán acceso al mercado local, como parte de un programa de desgravación a diez años.

Arlene Villalaz, especialista del Departamento de Agricultura en la Embajada de EE.UU. en Panamá, destacó en una conferencia ante la Cámara Americana de Comercio (Amcham, por sus siglas en inglés) que las principales exportaciones de su país al mercado panameño son precisamente de granos básicos (maíz, arroz, soya y trigo), así como alimentos procesados y snaks. Además, destacó que el 65% de los alimentos que Panamá importa provienen  de los EE.UU.

Esta situación se debe en gran medida a que aún cuando el TPC acaba de ser  ratificado por el Congreso de EE.UU., las empresas de ese país llevan años  percibiendo uno de los beneficios más importantes pactados con Panamá en el proceso de negociación: La equivalencia sanitaria.

La equivalencia sanitaria liberó a los productos para el consumo humano y animal elaborados en EE.UU. que se importen a Panamá del cumplimiento de las normas sanitarias establecidas tanto por el Ministerio de Salud (Minsa) como el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA).

Se estableció como único requisito para su ingreso el Certificado de Inocuidad de Exportación expedido por el Departamento de Agricultura de ese país.

El Decreto Ejecutivo que fue publicado en la Gaceta Oficial número 25730 del 12 de febrero de 2007, y que fue firmado por el entonces titular de Salud, Camilo Alleyne, establece además que no se requerirá el mencionado Certificado de Inocuidad de Exportación para productos cuyo peso contenga menos de 3% de carne de bovino, cerdo, aves o productos derivados de los mismos.

Agrega que para la importación de productos alimenticios (carne de bovino, cerdo, ave, productos lácteos, productos derivados de los mismos y todos los demás productos procesados para consumo humano y animal) no se requerirá la aprobación de establecimientos o embarques específicos de los EE.UU. por parte de ninguna autoridad panameña.

La promulgación de este Decreto Ejecutivo fue objetada por el entonces ministro de Desarrollo Agropecuario, Laurentino Cortizo, quien renunció a su cargo por considerar la equivalencia sanitaria como lesiva a los intereses de los panameños, al poner en manos de EE.UU. el sistema sanitario del país y la salud de todos los consumidores.

Otro logro importante para EE.UU. fue el acuerdo que permitirá a las empresas estadounidenses incursionar en el mercado panameño de comercio al por menor, siempre que ofrezcan servicios múltiples (que no se dediquen única y exclusivamente a la venta al detal) y que su inversión supere $3 millones.

Pero para el presidente de la Amcham, Juan Carlos Arias, si bien el TPC es una importante herramienta para potenciar el intercambio comercial entre ambos países, su impacto no se limitará al mundo empresarial ya que el acuerdo contempla normas dirigidas a garantizar la transparencia en la administración pública y la seguridad jurídica, además de ofrecer mecanismos para la resolución de conflictos.

Este criterio es compartido por el ex ministro de Comercio e Industrias, Alejandro Ferrer, para quien lo pactado en materia institucional implicará un cambio importante no sólo en la forma de hacer negocios, sino también en el manejo de la administración pública, ya que, por ejemplo, cualquier regulación que el Ejecutivo quiera implementar deberá ser divulgada y consultada con las partes afectadas antes de su aprobación, lo que garantizará un verdadero respeto a la seguridad jurídica.

Arias y Ferrer coincidieron en que esto no solo hará más atractivo a Panamá para las empresas estadounidenses, sino también para todas aquellas empresas internacionales que desean ofrecer productos y servicios al mercado de EE.UU., lo que generará más empleos y mejores salarios para los panameños, una mejor calidad de vida para todos los que residen en el país.

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