Sanciones económicas son las nuevas armas de guerra de Trump

Sanciones económicas son las nuevas armas de guerra de Trump
Las naciones a menudo han empleado la coerción económica.| Archivo

Llamémosla la nueva forma estadounidense de hacer la guerra. Olvidémonos de los portaaviones, de los cazas sigilosos y de los misiles de crucero. Pensemos más bien en dólares, en chips de silicio y en datos digitales, así como en sanciones,  embargos y en listas negras. Las naciones a menudo han empleado la coerción económica. Donald Trump la ha llevado mucho más allá. Él ha fusionado la política económica estadounidense con su estrategia de seguridad nacional.

Cuando se le preguntó a Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro, si Estados Unidos (EE.UU.) podía detener el ataque de Turquía en contra de los kurdos en el norte de Siria, él tuvo una fácil respuesta: “Podemos parar la economía turca”. El señor Mnuchin, un ex banquero e inversionista de fondos de cobertura, alguna vez fue lo que el presidente llama un “globalista”. Actualmente, al parecer, parte de su trabajo es revertir las fronteras de la globalización.

Quizás nada relacionado con la presidencia del señor Trump debiera sorprendernos. Después de todo, un par de días antes de imponerle sanciones a Ankara, él le había prácticamente dado la bendición a la invasión del presidente Recep Tayyip Erdogan al anunciar la retirada de las tropas estadounidenses que habían luchado junto a los kurdos en contra del Estado Islámico (EI).

Trump ha indicado que, al retirarse, él está cumpliendo con una promesa electoral de traer de vuelta a las tropas estadounidenses del Medio Oriente. Y, después de Irak y de Afganistán, existen ciertas ventajas relacionadas con su renuencia a poner en peligro a las tropas estadounidenses.

El perentorio despido de John Bolton como asesor de seguridad nacional por parte del señor Trump bien puede haber evitado una guerra con Irán.

Echar a los kurdos por la borda es otra cosa. El presidente les ha entregado victorias estratégicas a Rusia, a Siria y a Irán simultáneamente, mientras que menoscaba la credibilidad regional de EE.UU. Los kurdos fueron socios vitales en la derrota de los yihadistas. Al traicionarlos, Trump ha demostrado que EE.UU. es un aliado en el que no se puede confiar en lo absoluto, tan caprichoso en el trato con los amigos como con los enemigos.

Trump no es el primer presidente en utilizar el poder económico estadounidense como arma. En 1956, la administración de Dwight Eisenhower obligó al Reino Unido a retirarse de Suez al bloquear el apoyo internacional a la libra esterlina. Ronald Reagan y Margaret Thatcher famosamente eran firmes aliados, pero tuvieron una prolongada lucha acerca del alcance extraterritorial de las sanciones estadounidenses impuestas a la Unión Soviética después de la invasión de Afganistán.

Durante la Guerra Fría, la mayoría de las naciones occidentales restringieron la exportación de tecnología confidencial a la Unión Soviética.

Más recientemente, la Unión Europea (UE) impuso sus propias sanciones a Moscú, junto con las de EE.UU., después de la anexión de Crimea y de la ocupación del este de Ucrania.

Actualmente, los aranceles, los embargos y otras medidas similares se han convertido en el remedio de EE.UU. para todas las situaciones. El papel del dólar estadounidense como única moneda de reserva le brinda a EE.UU. una capacidad inigualable para controlar el sistema financiero internacional. Los aranceles impuestos a los productos chinos, canadienses y mexicanos al comienzo de la presidencia del Trump tenían el objetivo limitado de inclinar la balanza de las cuentas comerciales bilaterales hacia el equilibrio. Desde entonces, las innumerables restricciones aplicadas a China señalan un objetivo más fundamental: desacoplar las dos economías.

El gigante de las comunicaciones Huawei —junto con muchas otras compañías chinas— ahora se encuentra en la lista de entidades no confiables, lo cual le impide comprar tecnología estadounidense. La lista fue concebida para impactar a los terroristas y a los propagadores de armas de destrucción masiva. La Ley de Modernización de la Revisión del Riesgo de Inversión Extranjera (Firrma, por sus siglas en inglés) de 2018 limita la inversión en Silicon Valley por parte de empresas chinas. La Lista de Personas No Gratas (DPL, por sus siglas en inglés) impone aún más restricciones draconianas a la transferencia de tecnología.

Trump acude al manual de sanciones cada vez que le apetece.

El último grupo de sanciones en contra de Beijing supuestamente sirve como respuesta a la represión de la población uigur en la provincia china de Xinjiang. El presidente ha invocado una legislación de la Guerra Fría aprobada por la administración Kennedy para declarar las importaciones a EE.UU. de automóviles europeos y canadienses, y los flujos de inmigrantes a través de la frontera mexicana, como amenazas a la seguridad nacional que exigen represalias.

Durante la presidencia de Barack Obama, las sanciones en contra de Irán ayudaron a persuadir al país para que llegara a un acuerdo con la comunidad internacional en relación con su programa nuclear. Trump rechazó ese acuerdo, sólo para aplicar medidas aún más severas. El propósito ahora va mucho más allá de las ambiciones nucleares para incluir el comportamiento de Irán en toda la región.

Trump espera que, adonde vaya EE.UU., sus aliados lo sigan. Al negarle a Irán el acceso a dólares estadounidense, Washington ha casi acabado con los esfuerzos europeos para salvar el acuerdo nuclear. No contento con expulsar a Huawei del mercado estadounidense, la administración ha exigido que los aliados europeos la excluyan de sus redes de comunicaciones digitales 5G. A los aliados se les ha advertido que perderán el acceso a la inteligencia estadounidense si no acatan las reglas.

Y, la mayor parte del tiempo, la administración no necesita aplicar presión directa para lograr tal efecto extraterritorial. Las compañías occidentales operan dentro de complejas cadenas de suministro transfronterizas; muchas tienen operaciones o realizan ventas en EE.UU. No pueden arriesgarse a que se les agregue a una lista negra estadounidense ni a perder el acceso a los dólares estadounidenses.

La Casa Blanca no tiene remordimiento alguno.

Peter Navarro, el asesor comercial del presidente, ha indicado que la seguridad económica es indivisible de la seguridad nacional.

Otra forma de decirlo es que, mientras EE.UU. tenga la única moneda de reserva y una preponderancia del poder económico, EE.UU. ha decidido que puede hacer lo que le plazca. En el mundo del señor Trump, las reglas son para los débiles.

Philip Stephens
Financial Times

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