Sanciones petroleras no son la forma de derrocar a Nicolás Maduro

Sanciones petroleras no son la forma de derrocar a Nicolás Maduro
La hambruna del pueblo sería un precio demasiado alto a pagar a cambio de derribar el régimen| Archivo

Venezuela es una tragedia humana con pocos paralelos en la historia. Según las tendencias actuales, aproximadamente 8 millones de personas habrán huido del país para finales de 2020, una cifra mayor que la cantidad que abandonó Siria. Esto no tiene precedentes en una nación que no está en guerra ni enfrenta un desastre natural.

El principal culpable es el régimen socialista de Nicolás Maduro. El señor Maduro heredó el manto revolucionario de su predecesor Hugo Chávez en 2013 y ha administrado tan desastrosamente una economía enormemente rica que la ha reducido a la mitad en los últimos cinco años. La producción de petróleo, que ha sido la base de la economía, ha sido víctima de años de infrainversión, corrupción y pérdida de expertos extranjeros.

La grave escasez de alimentos, combustible y medicinas está afectando a un país que posee las mayores reservas de petróleo del mundo. A pesar de este desastre, que aún se está produciendo, el señor Maduro y sus amigos se han aferrado al poder gracias a unas elecciones amañadas y al apoyo de aliados clave como Rusia, Cuba, China y Turquía.

El señor Maduro constantemente se rehúsa a renunciar y permitir unas elecciones libres y justas.

La Unión Europea (UE) ha respondido, acertadamente, con la congelación de activos y las prohibiciones de viaje dirigidas a miembros clave del gobierno venezolano y un embargo de armas. Estados Unidos (EU) ha ido mucho más allá, y ha impuesto severas sanciones económicas a Venezuela con el propósito explícito de forzar un cambio de régimen. Entre dichas sanciones se incluye prohibirle al Banco Central de Venezuela el acceso al sistema financiero estadounidense, bloquear las exportaciones de oro, prohibir el acceso a la deuda en dólares y a los mercados de valores, e impedir las exportaciones de petróleo.

Las sanciones petroleras de este año les prohíben a las compañías y a los ciudadanos estadounidenses hacer negocios con la compañía estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa) y congelan sus activos estadounidenses. También prohíben el uso del sistema financiero estadounidense para transacciones que involucren el petróleo venezolano, extendiendo así el alcance de las medidas más allá del territorio estadounidense.

El impacto ha sido inmediato. La producción de petróleo ha disminuido este año en un 40% más desde un nivel de por sí bajo. Dado que el petróleo representa casi todos los ingresos de exportación y Venezuela produce sólo un tercio de los alimentos que necesita, esto ha paralizado la capacidad del país para alimentarse.

Los funcionarios de línea dura hacia Venezuela, como John Bolton, asesor de seguridad nacional de EU, creen que las medidas desencadenarán la caída rápida del régimen de Maduro, seguida por la caída de sus partidarios cubanos y el restablecimiento de la democracia en ambas naciones. Pero algunos funcionarios internacionales advierten sobre un escenario alternativo para Venezuela. Es un escenario similar al de Zimbabue, el modelo de un régimen que se mantiene en el poder durante años mediante la represión y enriquece a sus figuras clave, mientras provoca la devastación económica de su pueblo.

No se deben exagerar las comparaciones. Zimbabue no produce petróleo y nunca tuvo una economía rica. Lo que es innegable es la magnitud de la tragedia humana en Venezuela y el hecho de que está empeorando rápidamente.

El señor Maduro tiene la mayor responsabilidad; son las prioridades erróneas de su régimen, más que las sanciones, las que tienen la culpa de la mayoría de las carencias.

Sin embargo, el aumento de las sanciones estadounidenses ha contribuido claramente a la disminución de la producción de petróleo este año, lo cual ha puesto en peligro las importaciones de alimentos. Hasta ahora no han derrocado al señor Maduro. Tampoco han impedido que altos funcionarios del gobierno venezolano busquen otras formas de enriquecerse.

Ha llegado el momento de reconocer que, aunque las sanciones en contra de los funcionarios individuales del gobierno de Maduro y algunas de las medidas financieras más amplias se justifican plenamente, las sanciones petroleras pueden provocar un daño desproporcionado al pueblo venezolano y deben reconsiderarse. La hambruna del pueblo sería un precio demasiado alto a pagar a cambio de derribar el régimen.

FT View
Financial Times

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