Se requiere un cambio de estrategia

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Aunque usted no lo crea el ministro de Seguridad Pública, Rodolfo Aguilera, salió al paso de los medios de comunicación que cuestionan el incremento de la violencia que diariamente ejerce la delincuencia común en contra de los ciudadanos panameños, argumentando que él es la primera persona que se queja porque las acciones de los criminales siguen siendo altas y afirmando que la inseguridad que vive el país nos afecta a todos a tal punto que sus dos residencias, ubicadas en las provincias de Chiriquí y Panamá, cuentan con cercas eléctricas.

En otro país un ministro de Seguridad que emita declaraciones de este tipo se vería obligado a renunciar y de no hacerlo sería cesado por el jefe del Ejecutivo. En primer lugar, porque debido al cargo que desarrolla su única labor es prevenir y perseguir el delito, algo que a todas luces no está haciendo  del todo bien, y en segundo lugar, porque debido a su investidura y las prerrogativas que esta conlleva, como ministro de Estado, su realidad cotidiana no puede compararse con la de un ciudadano común, que carece de los mecanismos de seguridad que le otorga el Estado.

Pero ese no es el problema, el problema es que la acción de la delincuencia se ha agravado en los últimos meses hasta alcanzar ribetes preocupantes. Hoy en día cualquier persona, en cualquier lugar de este país puede ser víctima de los criminales, quienes cometen sus fechorías sin importar si es de día o de noche, a sabiendas que la Policía Nacional y los otros componentes de la Fuerza Pública carecen de una estrategia para combatir efectivamente sus nefastas actividades.

Ciertamente los organismos de seguridad cuentan con una estrategia, el problema es que el eje central de esa estrategia es la lucha contra el tráfico de drogas, debido a que se cree que mientras más droga en tránsito se incaute el país contará con mayor seguridad. Por supuesto, nadie puede criticar que las autoridades policiales se esfuercen en impedir que nuestro país se convierta en un paso para el narcotráfico internacional, sin embargo, hay que entender que en lo que respecta a la delincuencia común el efecto de estas acciones es mínimo.

Es decir, que aun cuando tenemos que reconocer la labor efectiva del director de la Policía Nacional, Omar Pinzón, en la lucha contra el narcotráfico, también hay que señalar que las calles del país están cada vez más en manos de los delincuentes. Hoy en día la gran mayoría de los panameños hemos sido víctimas de algún delincuente común o pandillero, y casi todos tienen algún familiar o un amigo que también ha sido violentado por algún atracador.

Para tener una imagen de lo inaudito de la situación basta mencionar un hecho relatado por un diario de la localidad en el que se indica que  un ciudadano fue asaltado por un delincuente que con arma blanca en mano le robó $2,00.

Se trata de un problema que se agrava porque los ciudadanos, al momento de ser víctimas de los delincuentes, no reciben la respuesta que esperan de la Policía Nacional, porque demoran horas en apersonarse al lugar de los hechos o simplemente no acuden a la llamada de auxilio, y cuando acuden quieren que la víctima haga la labor que le corresponde a ellos investigando quien los atacó, dónde viven y a qué pandilla pertenecen y, aún cuando la víctima aporte información valiosa para iniciar una investigación, al final, nada ocurre.

Frente a esa realidad, la gran mayoría de los ciudadanos simplemente se abstienen de presentar las denuncias, especialmente cuando se trata del robo o el hurto de bienes materiales como celulares, computadoras o dinero. De hecho, en la mayoría de las comunidades se afirma que la única forma que la Policía Nacional actúe contra los delincuentes es que la víctima sea uno de sus miembros.

Durante la pasada administración se invirtieron millones de dólares en armamento, vehículos, aumento del pie de fuerza e incrementos salariales para elevar la moral de los integrantes de la Policía Nacional para así incentivarlos a realizar su labor, prevenir y perseguir el delito, por lo que estos elementos no pueden ser un argumento para justificar la falta de acciones contundentes contra la delincuencia.

En resumen, si no hay un cambio de estrategia el Comisionado Pinzón y otros miembros del Directorio de la Policía Nacional recibirán al final de su labor una gran cantidad de condecoraciones internacionales, bien merecidas por cierto, por su labor contra el narcotráfico internacional, pero en la otra cara de la moneda, millones de panameños trabajadores y honrados habrán sido víctimas de los delincuentes comunes quienes hoy campean en las calles, lo que terminará por afectar negativamente el desempeño de la economía y alejar del país la inversión extranjera. 

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