Seguridad y educación a dónde vamos

Seguridad y educación a dónde vamos

Hitler Cigarruista

hcigarruista@capital.com.pa

Editor

La semana pasada se dieron varios hechos que llamaron mi atención y que a mi juicio merecen ser ciomen tados en esta columna en la que comparto con nuestros lectores  periódicamente.

El primer hecho fue el robo de registrado en el Banco Nacional de Panamá de la vía 12 de octubre. Se trata de un hecho delictivo que llama la atención primero porque ocurrió a una muy corta distancia de una subestación de la Policía Nacional y porque los delincuentes presuntamente utilizaron uniformes similares a los de las unidades del orden público.

Mis comentarios al respecto son sencillos, en primer lugar creo que las investigaciones que adelanta la Oficina de Investigación Judicial de la Policía debe incluir a los directivos y agentes que estaban de servicio en la subestación de Pueblo Nuevo a la hora del ribo porque no hay ninguna justificación para que no hayan reaccionado ante este o cualquier otro acto delictivo que se registre en las cercanías de su puesto de trabajo.

Y en segundo lugar, creo que es importante llamar la atención sobre el carnaval de uniformes con que cuenta la Policía Nacional y la confusión que esto genera entre los ciudadanos. Lo digo porque hay tantas vestimentas en la Policía que uno no puede saber a ciencia cierta si una persona uniformada es un agente del orden público o un delincuente. Hecho que es aprovechado por lo malechores para cometer sus fechoría, tal como ocurrió en el Banco Nacional de la 12 de octubre.

El otro hecho que me llamó la atención se registró en El Salvador, país en donde el Ministerio de Educación decidió extender el horario de clases en las escuelas públicas hasta las 4:00 de la tarde a fin de mejorar su fornación académica y evitar que los jóvenes se vean tentados u obligados a sumarse a las bandas crimales conocidas como maras.

Lo curioso es que mientras en Panamá la ministra de Educación, Lucy Molinar, no encuentra la fórmula para ampliar el horario de las escuelas públicas a horas de la tarde y para mejorar la calidad de la educación, en El Salvador, simplemente lo hicieron. Es cierto que gran parte de ese tiempo se invertirá en actividades extra curriculares, pero lo importante es que con eso el jóven salvadoreño no sólo ampliará su formación académica y cultural, sino que se alejará del crimen.

Al final la pregunta que me hago es a dónde va nuestro país en materia de seguridad y educación, porque si seguimos así aquí terminará ardiendo Troya.

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