Serena Williams: Fuera de serie

Serena Williams: Fuera de serie

De no haber sido tenista,   probablemente hubiese sido veterinaria

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Serena Williams no se considera una persona matinal Para nada, dice, con un gesto de consternación, pero si pudiese despertarse una mañana sin ser una campeona de tenis de fama mundial, esto es lo que haría: Ir a un parque de diversiones. O hacer las compras en un supermercado. Cosas comunes y corrientes, dice. Iría al centro comercial. Nunca voy al centro comercial.

Es el comienzo de la primavera boreal y Williams está sentada junto a la piscina en su bella casa de dos pisos en Palm Beach Gardens, Florida. Chip, el enérgico Yorkshire terrier de Williams, y Lorelei, su perra maltesa, se revuelcan en el almohadón que hay entre nosotros. Williams está vestida con una banda púrpura de Nike en su cabeza, top blanco, shorts negros. Está descalza.

Le pregunto dónde cree que estaría en este momento si nunca hubiera alzado una raqueta de tenis. Creo que estaría en California, dice. ¿Estaría casada, tal vez? ¿Quizás tendría hijos? Quisiera creer que sí. Probablemente estaría vinculada con algo relativo a la ciencia. Amo los animales. Restriega la barriga rosada de Lorelei. Quizás habría sido veterinaria.

Pero Williams alzó una raqueta de tenis, y el resto es historia conocida, y extraordinaria. Williams iniciará   una temporada en canchas de polvo de ladrillo con culminación en París en el Abierto de Francia 2016, en la defensa de su título de singles.

Un mes después, Wimbledon, también para defender allí su título de campeona, que ya obtuvo seis veces. Ha conseguido 21 títulos femeninos de Grand Slam, para quedar a un paso de Margaret Court, con 24, y de Steffi Graf, con 22. También ganó otros 13 Slams en dobles y dos en dobles mixtos, además de cuatro medallas de oro olímpicas. A los 34 años, es la jugadora de tenis de mayor edad que haya estado en el puesto número uno del ranking.

Uno podría hacer una defensa convincente de por qué Williams es la mejor tenista de todos los tiempos; voces expertas, como la ex campeona Chris Evert, ahora comentarista de televisión, dicen que es la mejor. Hoy Serena Williams es a la vez un símbolo de poder femenino y afroamericano, filántropa, creadora de tendencias, diseñadora de moda y celebridad como nadie más en el mundo deportivo, y puede competir cabeza a cabeza con cualquier ícono de su época. Su participación en el video de Sorry, uno de los temas de Lemonade, el nuevo álbum de Beyoncé bailando junto a la seductora reina del pop en una mansión gótica de Luisiana, resultó a la vez sorprendente y perfectamente natural.

Conozco a Bey desde hace mucho tiempo, dice Williams. Y confiesa: ¡Quedé muy dolorida luego de ese baile!.

Creo que gran parte de las quejas respecto de Serena Williams no han sido más que completos disparates. Ella ha tenido episodios desafortunados; el más memorable, una serie de exabruptos durante el Abierto de Estados Unidos  (EE.UU.) que, aunque lamentables, están lejos de la cima de momentos desagradables en el tenis. (Por otro lado, John McEnroe, quien acostumbraba amenazar a jueces, y Jimmy Connors, quien solía agarrarse su entrepierna, son celebrados como pícaros antihéroes). Sólo un necio no vería los obstáculos y prejuicios que Williams debió superar, como ella misma resaltó en diciembre tras ganar el premio al Deportista del Año de la revista Sports Illustrated.

Ha seguido adelante. Cuando juega en su mejor nivel, continúa imbatible. A una edad en que los tenistas suelen llevar varios años retirados, está reescribiendo la historia. Deportistas de élite de un éxito similar sucumben ante su grandeza. No se puede hablar del deporte femenino sin pensar primero en Serena Williams, dice Abby Wambach, la estrella estadounidense de fútbol que se retiró recientemente luego de haber ganado dos medallas de oro y una Copa del Mundo. Para Wambach, Williams encarna poder, fuerza, belleza y seguridad. En otras palabras: Lo que implica ser una tremenda mujer en el ámbito que sea.

El año pasado vi a Williams jugar en una tarde calurosa en Nueva York y tirar saques durante una hora y media. Sólo saques, uno tras otro. Había ganado un partido en las rondas iniciales del Abierto de EE.UU., pero su saque había sido irregular y el partido terminó siendo más parejo de lo esperado. Minutos después de abandonar la cancha del Estadio Arthur Ashe, Williams se dirigió a la zona de práctica con su entrenador, Patrick Mouratoglou, y empezó a hacer saques. De inmediato se reunió una multitud ¡Serena Williams! y siguió practicando saques. La multitud creció. Williams siguió sacando y sacando. Después de un tiempo, la multitud empezó a aburrirse y a dispersarse. Williams continuó sacando, hasta que creyó que finalmente lo había hecho bien.

Con las superestrellas deportivas se suele creer que una vez que llegan a la cima, el trabajo más duro ha terminado. Los deportistas consagrados parecen trabajar más duro cuando han sido reconocidos como tales, como si ese estatus estuviera en riesgo. Williams no es la excepción. Es conocida como una de las tenistas más trabajadoras.

En la sala de estar de Williams, junto con el impoluto sillón blanco y una silla estilo jaula de pájaros que cuelga del techo, está el mueble tal vez más importante de la casa: Una camilla de masajes. En este punto de su carrera, los dolores y las molestias físicas deberían ser una constante. Pero Williams dice que su cuerpo está bien cuando se despierta.

Pese a la práctica adicional de saques, Williams no ganó el Abierto de EE.UU. en 2015, al quedar fuera luego de perder en una sorpresiva semifinal con la veterana italiana Roberta Vinci, que no estaba preclasificada. La derrota fue etiquetada de inmediato como una de los reveses más inesperados de la historia. Aunque Williams admite que fue dolorosa y difícil de olvidar, es útil poner el episodio en perspectiva. En ese momento, Williams ya había ganado ese Abierto en 2014 y los Abiertos de Australia, Francia y Wimbledon de 2015. Lo único que se le negó fue el quinto Grand Slam consecutivo y ganar los cuatro en un mismo año. No existe un jugador en el planeta que estaría insatisfecho con una seguidilla así. No fue precisamente un desastre. Hay muy pocos campeones en este planeta, y todos tienen ciertas cosas en común, dice Mouratoglou. Una de ellas es la capacidad para olvidar el pasado () nunca miran atrás, siempre hacia adelante.

Jason Gay
Dow Jones

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