¿Si los inmigrantes trabajan aportan al país o restan empleos?

¿Si los inmigrantes trabajan  aportan al país o restan empleos?

Con la recién anunciada iniciativa del Ministerio de Comercio, para facilitar la incorporación al mercado laboral de los cónyuges de los ejecutivos extranjeros de las multinacionales, nuevamente se enciende el debate sobre el trabajo de los inmigrantes.  Por un lado, están ciertos grupos que aún le temen a la mano de obra de los inmigrantes y que desean que haya prohibición total o serios límites para el trabajo de los extranjeros que residen en Panamá.  Por el otro lado, están los que desean facilitar a las empresas el proceso para que puedan aprovechar la mano de obra calificada de estos extranjeros.

En estos momentos, las restricciones al trabajo o ejercicio de la profesión por parte de los extranjeros es tan absurda, que si se jubila el premio Nobel de medicina en Panamá, las leyes no le permitirían ni siquiera atender a un solo paciente.

El problema es que quienes se oponen a la contratación de inmigrantes en Panamá piensan que la economía tiene un número fijo de empleos.  Por consiguiente, analizan los anti-inmigrantes, si se les permite a las empresas contratar, digamos, a 100 extranjeros, entonces son 100 puestos de trabajo menos que estarán disponibles para los panameños.  

Sin embargo, este análisis de juego de suma cero es muy simplista y erróneo, desde el punto de vista económico.  La realidad es que si las empresas no logran contratar a estos 100 extranjeros calificados, en vista de que no consiguen la mano de obra local, no podrán producir lo necesario para poder competir y suplir la demanda de sus clientes.  Muchas, especialmente las empresas extranjeras, podrán optar por irse a países donde sí pueden traer mano de obra especializada de otras latitudes, como es el caso de Singapur.  O puede ser que reduzcan sus operaciones al perder clientes. Si una de estas empresas cierra o se va del país, se pueden perder muchos empleos de panameños.  Por el contrario, si las empresas contratan al personal extranjero requerido y con ello logran aumentar sus ganancias, podrán reinvertirlas y crecer, abriéndose aún más plazas para otros panameños.

Obviamente las empresas debieran hacer un esfuerzo por contratar el personal panameño, y, de no conseguirlo, debieran poder optar por contratar personal extranjero que ya reside en Panamá.  Por último, se les puede permitir a las empresas traer cierto número de personal especializado de afuera, si no logran conseguirlos a nivel local.

Una de las grandes fallas de la legislación de Panamá es que ha confundido inmigración con empleo de inmigrantes.  Indistintamente de la postura en favor o en contra de la inmigración que puedan tener los panameños, el asunto es que, una vez la persona reside en el país de manera legal, no se le debe restringir el ejercicio de su profesión, ni quitarle su derecho humano al trabajo productivo.

Las leyes panameñas son excesivamente xenofóbicas.  No permiten, por ejemplo, que médicos, abogados, arquitectos o contadores extranjeros ejerzan su profesión en Panamá, aunque ya residan en el país.  En otros países se les permite ejercer y trabajar en su profesión a todas las personas que pasen los exámenes y requisitos correspondientes, indistintamente de su lugar de nacimiento.  Este es el caso de la mayoría de los estados de los Estados Unidos y de países como Singapur.

El que trabaja en un país aumenta la producción de ese país, por ende es de gran beneficio permitirle trabajar a los extranjeros que ya residen en Panamá.  Además, si Panamá desea convertirse en una potencia económica deberá aumentar su población laboral rápidamente, y esto se puede hacer mejor mediante una inmigración ordenada.

Un último punto que se debe destacar es lo valioso de lograr la atracción de cerebros.  Muchos de los países de Latinoamérica tienen problemas de fuga de cerebros.  En Panamá ocurre lo contrario, sin embargo, no la estamos aprovechando.

La ventaja de la atracción de personas ya calificadas es que a la nación no le cuesta nada preparar a los extranjeros.  Esto contrasta con las decenas de miles de dólares que cuesta alimentar, educar y preparar a un panameño, desde su nacimiento hasta que pueda ser un ciudadano productivo para la sociedad.

Las iniciativa planteada por el gobierno nacional, de ordenar el estado migratorio de los extranjeros, es de aplaudir y un gesto de humanidad con estas personas. La idea que ahora se ventila de permitir a los cónyuges de los ejecutivos extranjeros trabajar, es positiva, y al final debe redundar en más crecimiento y más empleos para todos los panameños.

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