Sobre la hipocresía europea y los impuestos a empresas tecnológicas

Sobre la hipocresía europea y los impuestos a empresas tecnológicas

Como suele suceder cuando los burócratas europeos necesitan justificar sus salarios y continuar la contratación de sus amistades (bajo la figura de consultores) para que hagan estudios somníferos que nadie va a leer, la Unión Europea (UE) está con la idea de crear un impuesto a las empresas tecnológicas, especialmente, a las norteamericanas como Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

Esto se debe a que dichas empresas norteamericanas, aunque no son las únicas que se aprovechan, pagan una tasa impositiva estimada en la UE de solamente 5.39%. Sí, más bajo que en Panamá y probablemente que el resto del mundo.

Si pagan tan poco en impuestos en la UE, ¿cómo van a mantener sus miembros las flatulentas y obesas burocracias típicas de países socialistas?

Es que, a falta de los ingresos tributarios de sus países, la UE ha decidido acabar con la competencia afectando con sus listas discriminatorios a países pequeños que, en ejercicio de su soberanía, han decidido establecer regímenes tributarios que favorecen la inversión extranjera. Pero, además, ahora han decidido atacar a las empresas tecnológicas estadounidenses; primero, como monopolios abusadores de su cuota de mercado y segundo, porque no pagan suficientes impuestos en la UE.

Los europeos, en vez de cambiar de rumbo y hacerse atractivos a la inversión mediante impuestos más competitivos y menos confiscatorios, se han dedicado a buscar enemigos pequeños y grandes acusándolos de todo tipo de ofensas y delitos y así mantener los impuestos altos y ahuyentar la inversión en sus países. Pero veamos lo ridículo de la postura europea.

El diario digital elespañol.com, el día 28 de agosto de 2020, en la columna La Tribuna de Francisco de la Torre establece: “Ahora bien, algo más de la mitad de los beneficios exteriores de las multinacionales norteamericanas se registraron en los, entonces, 28 Estados de la UE. En la UE, las multinacionales norteamericanas ganaron 785.659 millones de dólares. Lo que resulta curioso es que solo tres estados europeos acumulan casi todos estos beneficios.” (el subrayado es nuestro).

No hay que saber quién es Keyser Söze para imaginarse los tres países que acumulan la mayoría de los impuestos recaudados en la UE por las operaciones de las empresas tecnológicas norteamericanas.

Son los sospechosos usuales: Irlanda, Países Bajos (Holanda) y Luxemburgo. Acota de la Torre que “Eso sí, las multinacionales norteamericanas soportaron en estos tres estados una tasa de imposición que, seguramente, no parezca muy elevada: el 3.17% en Irlanda, el 2.71% en Holanda y el 1.08% en Luxemburgo.”

Tasas efectivas irrisorias, hasta para mí, que creo en el capitalismo salvaje de Friedman y en la mano invisible de Adam Smith.

El golpe de gracia que trajo el coronavirus (COVID-19) a las, ya moribundas, economías europeas los obligará a buscar ingresos adicionales mediante impuestos nuevos y/o a subir los tributos actuales en sus países para poder cerrar la brecha fiscal. Como siempre, el contribuyente de cada país o Alemania terminarán cargando el peso de la falta en recaudaciones puesto que para que se pueda establecer un impuesto a las empresas tecnológicas la decisión tiene que ser unánime, es decir, los 28 países de la UE.

Si la historia se repite, los países que más se benefician de la presencia y de los tributos que pagan dichas empresas -Luxemburgo, Países Bajos e Irlanda- rechazarán el impuesto al igual que los países nórdicos ya que estos consideran que gravarlas en forma discriminatoria traería consecuencias graves para la economía europea y posibles medidas de retorsión de aliados a la UE.

La solidaridad europea llega hasta que les toquen los bolsillos.

Una vez esto suceda, los ataques de la UE a los países que compiten ofreciendo una plataforma de servicios financieros y legales -en un ambiente de baja fiscalidad- serán más exagerados e infantiles.

Debemos estar preparados para lo que viene, mediante la utilización de una ofensiva diplomática agresiva y la amenaza de la utilización de medidas de retorsión.

Misonius Rufus
Abogado y analista internacional

 

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