Tambaleante acuerdo comercial TPP apunta al declive de EE.UU.

Tambaleante acuerdo comercial TPP apunta al declive de EE.UU.

Los optimistas opinan que Hillary Clinton reviviría el Acuerdo con otro nombre, pero para entonces es probable que ya haya fallecido

Map of the China on Earth in the national colors

Cuando se escriba la historia de la decadencia del poder estadounidense, la debacle del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) puede que no se merezca un capítulo entero, pero sin duda será más que una nota a pie de página.

El TPP es un acuerdo comercial que abarca 12 países del Pacífico con una población colectiva de unos 800 millones de habitantes, casi dos tercios más que la del mercado único de la Unión Europea (UE), y con una participación del 40% del comercio mundial. También se ha convertido en una de las pruebas más importante del liderazgo estadounidense en Asia y en el mundo.

Desafortunadamente, los dos principales candidatos presidenciales están compitiendo para ver cuál de ellos odia más al TPP y el presidente Barack Obama no es capaz de pasar algo en el Congreso, así es que las posibilidades de que sea ratificado por Estados Unidos (EE.UU.) están desapareciendo rápidamente. Si no se ratifica, este fracaso de la política interna estadounidense resonará a través de Asia, en un momento en el que China está buscando activamente reemplazar a EE.UU. como la potencia hegemónica regional.

China fue deliberadamente excluida del acuerdo, a pesar de ser una nación del Pacífico y la más grande potencia comercial de bienes del mundo. Desde el punto de vista de Beijing, el inminente fracaso del TPP es un motivo de regocijo, aunque sea desconcertante. Es el más reciente ejemplo siendo el Brexit el otro de los peligros de la democracia popular, lo que demuestra que un país nunca debe dejar los asuntos de interés nacional en manos de las masas desinteresadas y desinformadas. Los líderes de China se deben estar preguntando, sin duda, qué tipo de superpotencia permite que una minoría de los votantes en los estados clave de El Cinturón del xido (un área geográfica estadounidense anteriormente conocida por su poderoso sector industrial) perjudiquen los intereses de toda la nación de una manera tan evidente.

Parte del problema son los contradictorios mensajes de la administración Obama. Mientras que al TPP se le ha descrito de manera informal como el club de todos-menos-China y como a una Organización del Atlántico Norte (Otan) económica, EE.UU. se ha esforzado en negar en público que no tiene nada que ver con contener a Beijing.

Esto ha obligado a la administración a tratar de vender el TPP nacionalmente como si fuera cualquier otro acuerdo comercial en un momento en el que muchos desconfían de este tipo de acuerdos. La ocasión en la que el señor Obama llegó a estar más cerca de revelar la verdadera justificación del TPP la que podría tener una mejor oportunidad de convencer al público estadounidense sucedió en enero de 2015. China quiere determinar las normas para la región de más rápido crecimiento en el mundo, dijo el presidente Obama. Eso pondría a nuestros trabajadores y a nuestros negocios en desventaja. ¿Por qué permitiríamos que eso ocurriera? Nosotros deberíamos determinar esas normas.

Ashton Carter, secretario de Defensa de EE.UU., ahondó todavía más en abril del año pasado cuando dijo: Pasar el TPP es tan importante para mí como lo es otro portaaviones. Ambas afirmaciones son ciertas, aunque el señor Carter probablemente sobreestimó el valor de sus portaaviones. Al no adoptar el TPP, EE.UU. de hecho cederá el derecho de determinar las reglas comerciales y económicas en la región de más rápido crecimiento del mundo. En las palabras de un importante diplomático japonés, esto le va a brindar a Beijing una oportunidad única para establecer un sistema comercial en Asia bajo el liderazgo chino.

Incluso Japón que considera el ascenso de una agresiva China su principal amenaza existencial está contemplando la posibilidad de unirse a la Asociación Económica Regional Integral (Rcep, por sus siglas en inglés) que China prefiere si EE.UU. no ratifica el TPP. Ese acuerdo cubriría a las 10 naciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean, por sus siglas en inglés), y además Australia, Nueva Zelanda, China, India, Japón y Corea del Sur. Esta asociación regional no sólo excluiría a EE.UU., sino que también incluiría peores garantías para la propiedad intelectual, para la libertad del Internet, para los derechos de los trabajadores,  para la fauna y el medio ambiente.

En estas áreas, y desde la perspectiva de las corporaciones estadounidenses, el TPP es el patrón oro, tal y como lo describió Hillary Clinton cuando todavía era miembro de la administración del presidente Obama.

Beijing con su desdén por la libertad del Internet, por los derechos humanos y por la protección del medio ambiente, y con su práctica de ignorar la malversación cuando hace negocios en el extranjero se asegurará de no ejercer presión para tener tales estándares en ningún acuerdo comercial.

Algunos observadores en EE.UU. y en Asia confían en que la señora Clinton, de ser elegida, reviviría el TPP con otro nombre. Pero eso tomaría un largo tiempo y, para entonces, es probable que el acuerdo ya haya fallecido. Mientras tanto, China va a ejercer presión al máximo en apoyo de alternativas que excluyan a EE.UU. La mejor oportunidad para que EE.UU. frene la erosión de su influencia y de prestigio en Asia es que el señor Obama y el Congreso fuercen el paso del acuerdo durante la sesión saliente después de la elección en noviembre y antes de la toma de posesión del nuevo presidente en enero.

Si esto no sucede, EE.UU. se habrá causado un daño a sí mismo; le habrá cedido una enorme influencia a China y habrá asegurado que los futuros acuerdos comerciales sean mucho peores para las compañías estadounidenses, para los trabajadores y para el planeta.

Jamil Anderlini
Financial Times

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