Tapón del Darién, el gran desafío de los migrantes

Se enfrentan a serpientes, murciélagos y bandidos en su camino a EE.UU.

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Ahmed Hassan se tambaleó a través de la densa selva panameña, loco de sed, mientras sus sandalias de goma se resbalaban en el lodo y temía morir a miles de kilómetros de su hogar en Somalia.

Le dije a mi familia que iría a Estados Unidos (EE.UU.), ese era el plan, dice el camionero de 26 años, que cuenta que huyó a finales del año pasado cuando militantes de al-Shabaab tomaron el control de su aldea. Voló a Brasil y viajó en autobús a Colombia.

En marzo llegó su mayor prueba: Cruzar el Tapón del Darién que conecta a Sudamérica con Panamá y con el objetivo final de Hassan: EE.UU.

No había agua. Había serpientes, recuerda en un pequeño centro de retención en Metetí, al Norte de la selva, con sus piernas llenas de tajos y picaduras debajo de su tradicional sarong. Pensé que podría morir en esa selva.

Los migrantes llegan a extremos en busca de un nuevo inicio. Las familias hondureñas colocan a sus niños en trenes con rumbo al Norte. Cientos de africanos se ahogaron recientemente enfrentándose al Mediterráneo en un barco sobrecargado de pasajeros. La gente cruza el desierto de Sonora para llegar de México a Arizona.

El indómito Tapón del Darién se ha convertido en una nueva ruta para viajeros que llegan desde países que van desde Cuba hasta Nepal. El alza refleja la dificultad de ingresar a EE.UU. por vías tradicionales como llegar con una visa y quedarse por más tiempo de su plazo autorizado, indica Marc Rosenblum, subdirector del Instituto de Política Migratoria, un centro de estudios de Washington.

Estas personas están dispuestas a tomar esta ruta riesgosa y complicada, afirma, y están haciendo fila para tomarla.

Las autoridades judiciales y de inmigración estadounidenses dicen que están trabajando para combatir el tráfico de humanos en estas rutas. Seguiremos usando todas nuestras autoridades investigativas para identificar y desmantelar estas organizaciones delictivas transnacionales, apunta Bárbara González, asesora senior para América Latina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE, por sus siglas en inglés).

La sinuosa ruta de Panamá se ha vuelto más atractiva, indican expertos en migración, gracias a la flexibilización de los requisitos para visas y asilo en algunos países sudamericanos y la falta de disposición de algunos países a lo largo de la ruta para realizar deportaciones masivas.

Esto ha abierto la puerta a migrantes que llegan a Sudamérica en avión o buque de carga y se dirigen por tierra hacia el istmo desde Brasil. Después, ante kilómetros de una jungla densa y sin carretera, enfrentan una decisión: Cruzar a pie o pagarles a pandillas para que les ayuden a rodearla a bordo de endebles barcos pesqueros costeros.

Los barcos son más veloces pero más caros. Y aunque Panamá manda de regreso a los que desembarcan sin pasaporte, permite la entrada de aquellos que llegan a través de la ruta selvática sin documentos debido a que no hay un puesto fronterizo colombiano cercano adonde regresarlos. Tampoco hay vuelos directos desde Panamá a África y Asia.

Todavía queda el viaje a través de Centroamérica y México, pero los migrantes dicen que el Darién es lo más difícil.

Quiero llegar a EE.UU., dice Hawa Bah, de 20 años, quien huyó de Guinea en África Occidental. Hablaba acostada sin fuerzas en un catre en un centro de retención panameño después de perderse en el Darién durante más de 10 días.

Estaba siendo obligada a casarme, y estaba preocupada por el ébola, explica. Preferiría haber muerto en la jungla que regresar.

No está claro cuántos hacen el viaje, pero las cifras registradas por la policía de Panamá están aumentando. En todo 2014, Panamá procesó 8.435 migrantes. Tres cuartos de ellos subieron a buques en Colombia y llegaron por las aguas inestables a lo largo del istmo, según las autoridades panameñas.

Sólo en los primeros tres meses de 2015, Panamá detuvo a alrededor de 3.800 migrantes, y cerca de 1.000 llegaron por la selva.

La mayoría de los migrantes que cruzan por la jungla se entregan, a sabiendas de que pueden recibir un refugio temporal y ser liberados si pasan revisiones penales. Panamá señala que libera a la mayoría, ofreciéndoles los papeles para que soliciten asilo o estatus de refugiado. La mayoría se escabulle y sigue el viaje hacia el Norte, dice la policía.

Comienza el viaje

El viaje comienza para muchos con un pago a agentes, como llaman a los miembros de redes internacionales de tráfico humano, en ocasiones miles de dólares para gestionar boletos de avión, transporte terrestre y coimas a guardias fronterizos. Otros van por su cuenta.

Los migrantes africanos entrevistados en Panamá dijeron que se dirigían a EE.UU., en lugar de Europa, ya que creían que tenían mayores probabilidades de conseguir un empleo y refugio allí.

Las autoridades de inmigración en toda la región y trabajadores humanitarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dicen que este tipo de viajeros han inundado países como Brasil y Ecuador.

Las solicitudes de asilo en Brasil ascendieron de 566 en 2010 a 5.882 en 2013, según datos de la ONU. En 2008, Ecuador levantó los requisitos de visa para extranjeros que llegan como turistas. Después modificó su política de visas para algunos, pero muchos cubanos que pasan por Panamá siguen volando primero a Ecuador.

Críticos como Otto Reich, ex secretario ajunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, han dicho que la postura de puertas abiertas de Ecuador podría resultar en una amenaza para EE.UU. Además, las autoridades panameñas saben que van a EE.UU. y una vez que están aquí ya no serán el problema de Panamá, apunta Reich, que dirige una firma de relaciones gubernamentales y consultoría de comercio.

Javier Carrillo, director del Servicio Nacional de Migración de Panamá, sostiene que es injusto echarle la culpa a Panamá por el problema, ya que los migrantes llegan ilegalmente y pasan por otros nueve países en su camino a EE.UU. Un vocero del organismo de inmigración de Colombia dijo que combate el tráfico de personas y ofrece a los migrantes la oportunidad de solicitar asilo o salvoconductos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil señaló que no conoce esta ruta de tráfico humano. Las autoridades del organismo de inmigración de Ecuador no respondieron a pedidos de comentarios. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador ha dicho anteriormente que el país no apoya actividades delictivas.

Los cubanos, que dicen que atravesar el Estrecho de Florida se ha vuelto demasiado difícil, son el mayor grupo que rodea o pasa por el istmo. Otras personas de países lejanos también están llegando en cantidades crecientes: Panamá detuvo a 210 somalís que cruzaron el Darién este año hasta fines de marzo, frente a 60 en el mismo período de 2014.

La zona de unos 20.700 kilómetros cuadrados conocida como la selva del Darién, que tiene una gran riqueza ecológica pero es inhóspita, desde hace tiempo ha puesto a prueba a aquellos que se adentran en ella.

Los españoles conquistaron el imperio Inca hace casi cinco siglos pero tuvieron problemas para dominar el Darién. En la década de 1690, un grupo de escoceses creó un puesto remoto en la costa pero sucumbieron a la enfermedad, la malnutrición y los ataques españoles. En 1854, el teniente de la Armada de EE.UU. Isaac Strain, encabezó un equipo de exploración del canal que se perdió durante días, acosados por parásitos y una hambruna. Lo declaró intransitable, y el trazado del canal fue trasladado hacia el Norte.

El Darién es la única sección de la Carretera Panamericana que va desde Alaska hasta Argentina que nunca ha sido completada. La ruta termina en la comunidad panameña de Yaviza y se reanuda unos 80 kilómetros después en el noroeste de Colombia. El terreno lluvioso entre medio es hogar de cientos de especies raras, incluyendo víboras y jaguares, y de murciélagos que chupan sangre y mosquitos que pueden transmitir la malaria.

Es uno de los sitios más calurosos y húmedos del planeta, explica el comisionado Frank Abrego, jefe de la policía fronteriza de Panamá. Esa gente que pasa por allá no está preparada.

También es hogar del Frente 57 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo rebelde que recibe una tajada de las bandas de tráfico humano, señalan habitantes locales y autoridades panameñas. Un grupo narcotraficante, los Urabeños, opera a lo largo de la franja este del istmo.

Para los migrantes, el recorrido de unos 65 kilómetros puede convertirse en una pesadilla de varios días. Los traficantes abandonan a la mayoría del lado colombiano, y terminan perdidos y exhaustos, dicen migrantes y la policía fronteriza. Tragan agua turbia del río, lo que causa forúnculos en la piel y diarrea. Cuerpos en descomposición se pueden ver  junto a los senderos de la jungla. 

Sara Schaefer Muñoz
Metetí
Dow Jones

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