Teatro con pantalones largos

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En un gran número de ocasiones he utilizado esta columna para denunciar algún problema que enfrenta la sociedad o criticar alguna situación que afecta negativamente el desempeño económico del país. Sin embargo, en esta ocasión creo prudente aprovechar la oportunidad para felicitar un hecho sin precedentes que merece ser destacado y que el público lector de este periódico debe conocer.

Me refiero a la puesta en escena de la obra Mano de Piedra Durán, Un K.O. Musical por una iniciativa de la empresa Top Line, la cual se presentó hasta este 6 de diciembre en el Teatro en Círculo.

Tal como señala su título se trata de una obra musical que rinde un homenaje al más grande deportista que ha dado esta tierra, nuestro campeón eterno, Roberto Mano de Piedra Durán, mostrando su nacimiento como boxeador, siendo apenas un chiquillo, su meteórico ascenso al estrellato, su dura caída tras el triste No más de su segunda batalla con Sugar Ray Leonard y su retorno triunfal a los cuadriláteros tras su victoria sobre David Moore.

Yescenia Navarro, gerente general de Top Line, explicó a Capital Financiero que el desarrollo del libreto y el montaje de esta obra costó aproximadamente $300.000, lo que la convierte en la obra de teatro más costosa que se haya producido localmente, pero esto no es lo único que la hace excepcional ya que este musical contó con el aporte de grandes artistas locales como Omar Alfanno y Los Gaitanes, quienes aportaron canciones originales.

Y si todo esto les parece poco, la puesta en escena fue protagonizada por Robin Durán, hijo de Roberto, quien además del enorme parecido físico con su padre aporta una profunda y sincera carga de emociones. Además, Karen Peralta, en el papel de la madre de Roberto, ofrece un personaje fuerte, capaz de infundir respeto y hasta temor en determinados momentos, como la mayoría de las madres de nuestros barrios populares, pero también aporta una gran ternura y una voz capaz de estremecer el alma.

También hay que destacar las actuaciones de Natalia Harris en el papel de Nereida, la inigualable Valeria Obando en el rol de Cenaida y la eterna Ceila González como Digna.

Sin embargo, lo realmente importante de esta obra es que nos trae a los panameños una parte aún fresca de nuestra historia. Aquellos que crecimos en algún barrio popular durante los años 70 y 80 revivimos aquellos momentos en los que cada victoria del Cholo de la Casa de Piedra de El Chorrillo nos hizo tocar la gloria y también el momento más triste y oscuro, en el que su derrota inesperada e inexplicable nos llevó a darle la espalda, generando sufrimiento y tristeza tanto a él como a su familia.

Quien puede olvidar cuando el barrio entero se organizaba para ver en un pequeño televisor las batallas que Roberto Durán libró en los más grandes escenarios boxísticos o el llanto y la desolación del No más.

Al final, esta obra que le pone los pantalones largos al teatro panameño, nos coloca ante ese ser humano extraordinario que es el Cholo Durán en toda su complejidad, pero también nos pone ante una sociedad que ya no existe, quizás menos sofisticada y desarrollada que en la que vivimos hoy, pero en donde la amistad, la sinceridad y la solidaridad estaban a flor de piel.     

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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