Tecnología en el aula

Tecnología en el aula

La Nación / GDA

Argentina

 

Animarse, dejar atrás los miedos y probar, aprender. El libro Las TIC en las aulas. Experiencias latinoamericanas, se presenta con la intención de empujar y sostener a los maestros en el uso de las nuevas tecnologías en el aprendizaje diario.

El estudio es obra de cinco especialistas en tecnología educativa: Micaela Manso, Paula Pérez, Marta Libedinsky, Daniel Light y Magdalena Garzón, y recopila los últimos 20 años de investigaciones sobre la integración tecnológica en la región y promueve su inserción práctica.

Plantea cómo planificar con las tecnologías de la información y comunicación (TIC) para ponerlas al servicio del aprendizaje, señala Manso.

El libro repasa la problemática y los desafíos de la introducción de las nuevas tecnologías en las escuelas. Además, orienta en el diseño y en la implementación de iniciativas TIC y facilita recursos e ideas prácticas que hacen posible una integración eficaz y reflexiva de estas tecnologías en los procesos de enseñanza.

Si los matemáticos utilizan la tecnología; si los historiadores la usan en sus investigaciones; si el mundo cambió, la escuela tiene que cambiar en función del mundo exterior para no crear una brecha entre lo que pasa fuera de la escuela y lo que pasa adentro, para ofrecer una verdadera educación de calidad -dice Libedinsky-. La escuela debe tender puentes a lo que sucede después de las horas de clase y a lo que sucederá después de que se termine la escuela; no puede ignorar que todas las profesiones trabajan hoy con la tecnología.

Con el apoyo y financiamiento de IDRC (Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo de Canadá) y liderados por la Fundación Evolución, los autores colaboran en proyectos de investigación y desarrollo en países de América latina.

El libro se presentó el pasado 29 de agosto, en el auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

Adriana Vilela, especialista en educación y tecnología del Departamento de Educación y Cultura de la OEA (Organización de los Estados Americanos), es autora del prólogo e invitada a la presentación.

Las investigadoras proponen una lista de cinco pasos concretos que ayudan a la orientación práctica. Esos pasos son desarrollar los objetivos de aprendizaje, decidir las estrategias de enseñanza, seleccionar las actividades, elegir la forma de evaluación y, por último, seleccionar y articular las herramientas y recursos TIC.

 

Pensar al revés

Este esquema supone un cambio importantísimo: las nuevas tecnologías están al servicio de todo lo anterior, y no al revés. La enseñanza no está centrada en un software o un recurso determinado, sino que el docente dispone de una gran caja de herramientas para elegir la que necesita. Pueden cambiar las herramientas, pero prevalecen las intenciones, explica Libedinsky.

Según Garzón, el libro aporta una mirada regional y recupera las experiencias -variadas y ricas- que se dan en cada país. Existe un montón de realidades que conviven y van a seguir conviviendo, y el libro recoge experiencias supercreativas y prácticas, afirma.

Sabemos que no hay recetas, pero después de tantos años de trabajar en el terreno, pusimos en palabras todo lo que aprendimos, dice Pérez.

Para las autoras, hay ingredientes indispensables para un exitoso trabajo con las TIC en el aula. No importa por dónde se aborde el tema, pero se necesita un liderazgo visionario, un referente en TIC que incorpore la tecnología, un proyecto pedagógico claro, tiempo para tener acceso a las nuevas herramientas y para poder experimentar, e infraestructura y conectividad.

Si bien reconocen que el tema funciona cuando todos los actores se asocian, destacan que el papel del docente es clave. Las autoridades pueden ser líderes activos o pasivos, es decir, promover o dejar hacer, pero poco se logra sin el empuje y la curiosidad de quien está al frente del grado.

 

El maestro, clave

Para las especialistas, con su tensión entre lo académico y lo práctico, el libro puede dejarles algo a todos los que lo lean, no importa en qué etapa del proceso se encuentren. A quienes están dando los primeros pasos, les servirá de guía y les aportará una mirada más global y regional a quienes ya estén en camino, reconoce Pérez. La idea es que el docente pueda salir de la experiencia de formación personal y pueda incorporar las TIC en las clases de todos los días, agrega.

El papel del maestro es indispensable. Empoderamos al docente en su rol pedagógico. Aunque no sepa de informática, lo que importa es que sepa de pedagogía. Lo otro se aprende y hasta puede apoyarse en los alumnos, pero la conducción de la clase la tiene el adulto, considera Garzón.

Reconocen que no es fácil para un maestro enseñar como no le enseñaron a él. No hay historia; no hay modelos en los que apoyarse, dice Libedinsky.

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