Tenemos que hacer valer los TLC

Tenemos que hacer valer los TLC

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Para nadie es un secreto que en los últimos meses la economía de Estados Unidos (EE.UU.) ha dado muestras de haberse recuperado, casi plenamente, de la crisis económica y financiera desatada en el 2008, lo que ha comenzado a expresarse en un dólar cada vez más fuerte.

Son muchos los factores de índole externos que han permitido ese fortalecimiento del dólar estadounidense. El primer factor -y el más olvidado por los analistas y hacedores de políticas públicas- empezó a registrarse tras la salida de Ben Bernanke de la Reserva Federal de EE.UU. (FED, por sus siglas en inglés) y la llegada de su sucesora, la señora Janeth Yellen, a mediados de febrero de 2014.

Con Yellen ha quedado casi superada la política de estímulo monetario emprendida por la FED para enfrentar la crisis económica de 2008, la herramienta utilizada para salir de ella fue poner el dólar estadounidense por el piso y así hacer más competitiva la economía doméstica de EE.UU., con tan buenos resultados que la famosa crisis de las subprime no se ensañó tanto con ese país, mientras que hay otros mercados que no han podido recuperarse de la tragedia experimentada por los mercados hipotecarios.

Hoy EE.UU. muestra una aceptable tasa de crecimiento y el desempleo se ha reducido significativamente, y todo esto, sin duda, ofrece nuevas oportunidades a las empresas que desean exportar bienes a ese país y muy especialmente para los exportadores panameños, quienes tienen un acceso preferencial al mercado estadounidense gracias al Tratado de Promoción Comercial (TPC) firmado entre ambos países.

Todos sabemos que tanto el sector agropecuario como la industria manufacturera han gozado en los últimos años del beneficio de tener un país en franco crecimiento, pleno empleo y con ello una fuerte demanda de productos de consumo masivo, esto se dio al mismo tiempo en que los principales mercados internacionales se debilitaron, debido a la crisis económica y financiera, pero hoy, con un EE.UU. recuperado y con países que han retomado la senda del crecimiento como España, Alemania y Francia, la exportación se presenta como una oportunidad  para traer divisas frescas al país y generar empleos bien remunerados.    

Se trata de empezar a creer en serio en las exportaciones, pero sobre todo de explotar mejor la gran cantidad de Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados por Panamá en los últimos diez años, con la ilusión de ampliar nuestro mercado interno y disciplinar el intercambio de mercancías con nuestros principales socios comerciales.

De hecho, casi todos los mercados dinámicos a nivel global tienen acuerdos comerciales con Panamá, solo para mencionar algunos, recordemos casos como Canadá, México, Taiwán, Singapur, EE.UU., Centroamérica y la Unión Europea, los cuales no han sido verdaderamente explotados.

Por supuesto, esto requiere de impulsar una política de crecimiento de las exportaciones, tanto tradicionales como no tradicionales.

Pero para eso se necesita pasar de la ilusión a la realidad. Se necesita de un Ministerio de Comercio e Industrias, cada vez más centrado en promover y facilitar la exportación de nuestros productos y que cumpla cabalmente con su papel de hacer de Panamá un país enfocado al comercio internacional.

En la actualidad el déficit de la balanza comercial de bienes agrícolas e industriales del país, según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) se  ubica en $5.447,2 millones como resultado, fundamentalmente de la caída del precio del petróleo y sus derivados en los mercados internacionales y,   pese  a  que el valor de las exportaciones de bienes agropecuarios e industriales del país rompió en el primer semestre de este año la tendencia al alza que mantuvo en los años 2013 y 2014 al sumar $349,1 millones.

Ciertamente Panamá es un país de servicios y por tanto es en la exportación de estos donde encuentra el equilibro de su balanza de pagos, sin embargo, el país no puede desaprovechar las oportunidades que se abren en los mercados desarrollados gracias al fortalecimiento de sus economías para tratar también de equilibrar la balanza comercial de bienes agrícolas e industriales.

Lo más seguro es que este indicador seguirá siendo deficitario, pero tengamos presente que cada dólar que se exporta se multiplica varias veces una vez entra a nuestra economía, por lo que bien harían los productores agropecuarios y las industrias locales en comenzar nuevamente a mirar a los grandes mercados como destino para sus productos. 

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