Tinta y grafito, no pólvora

Tinta y grafito, no pólvora

A man holds a placard which reads "I am Charlie" to pay tribute during a gathering at the Place de la Republique in Paris

Durante tres días de violencia estuvo sumida la nación francesa luego de que tres atacantes armados ingresaran a las oficinas del semanario Charlie Hebdo y abrieran fuego al equipo de redactores y caricaturistas empleados. En total, la cuenta lleva 17 muertos entre caricaturistas, miembros de la policía y civiles en general. En más de 50 años, Francia no había pasado por nada parecido.

El motivo del ataque fue nada más y nada menos que un dibujo. O varios. La revista semanaria es reconocida por su contenido satírico e irreverente que para algunos miembros de la población resultan ofensivos o degradantes. En caso de la minoría islámica que compone un 10% de la población francesa, la ofensa fue una representación gráfica del profeta Mahoma, que en la fe islámica es una falta seria hacia una figura sagrada.

Eventos así no son nuevos. El caricaturista danés Kurt Westergaard fue objeto de amenazas de muerte seguido de la publicación de su caricatura del profeta Mahoma, quien en lugar de un turbante común tenía una bomba en la cabeza. El escritor británico originario de Bombay, Salman Rushdie, vivió por varios años escondido luego de la controversia que siguió a la publicación de su libro Los versos Satánicos por el cual el mismísimo Ayatollah Ruhollah Khomeini, supremo líder de Iran durante los hechos, declaró un fatwa comandando al mundo islámico a acabar con la vida de Rushdie.

Incluso Trey Parker y Matt Stone, realizadores de la reconocida comedia animada SouthPark, han sido víctimas de amenazas luego de tratar de incluir una representación gráfica del profeta junto con personajes de diversas religiones en uno de sus episodios.

La libertad de expresión, objeto de tanto debate durante los últimos días, ha salido a relucir como un arma de doble filo de la cual nadie está a salvo, ni el criticado ni el que critica. Para unos, la culpa es totalmente de los atacantes ya que se piensa que nadie debería morir por un dibujo y para otros la culpa es de los caricaturistas por provocadores y por meterse con la fe ajena. Hay otros que mantienen una posición neutral en la cual se condena el acto de los atacantes, sin absolver de culpa a los caricaturistas por ofensivos.

Je suis Charlie

Más de 3 millones de personas y 40 jefes de estado de diferentes naciones, incluyendo al primer ministro británico David Cameron y a la canciller alemana Ángela Merkel, asistieron a marchas y demostraciones en Paris en apoyo al semanario Charlie Hebdo y en contra del extremismo islámico luego de los ataques que terminaron en un supermercado kosher y en un complejo industrial al noreste de Paris.

Demostraciones similares se dieron alrededor del mundo, incluyendo una breve demostración en la Plaza de Francia del Casco Viejo en Panamá, en la cual asistieron el presidente de la República, Juan Carlos Varela, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, José Ayú Prado, la dirigente del opositor PRD, Balbina Herrera, ministros de Estado y diputados, los embajadores de Francia y Estados Unidos, Philippe Casenave y Jonathan Farrar, un gran número de periodistas y nuestros caricaturistas locales más reconocidos en solidaridad por la masacre en Charlie Hebdo, entre otros.

La nueva edición de Charlie Hebdo muestra en su portada, nuevamente, al profeta Mahoma sosteniendo una pancarta que lee Yo soy Charlie en francés, consigna de la campaña en pro de la libertad de expresión. La revista, que por lo general no imprime más de 60.000 ejemplares y que no vende más de 30.000, publicó 2 millones de copias más ya que en las primeras horas del miércoles 14 de enero se vendieron las 3 millones que se tenían planeadas para esta edición.

Je ne suis pas Charlie

Un gran número de personas, que a pesar de estar fundamentalmente opuestos al extremismo y a los movimientos violentos radicales que acabaron con la vida de civiles, argumentan también que aquellas víctimas no fueron necesariamente inocentes. Al publicar imágenes del profeta han atacado al mundo islámico a través de la provocación.

Reiteran que las libertades de una persona terminan donde comienzan los derechos de otro.

No está de más mencionar que varios grupos alrededor del mundo han celebrado el ataque. Leves demostraciones en Peshawar, Pakistán, han contado con la presencia de varios miembros de la comunidad islámica en la cual los atacantes eran celebrados como héroes o mártires de la causa, incluso semanas después de un trágico ataque a una escuela de la localidad que dejó un saldo de 145 víctimas de las cuales 132 eran estudiantes de entre 8 a 18 años de edad.

Egipto ha expresado su horror ante los ataques, pero ha advertido en más de una ocasión acerca de los peligros de la publicación de la nueva edición de Charlie Hebdo.

Considera que es un insulto hacia los más de 1.000 millones de personas de fe islámica alrededor del mundo y lo ve como un nuevo acto de provocación. Turquía mantiene la posición de que los ataques fueron una conspiración occidental para culpar al Islam.

Otros argumentan que entre los peligros resultantes de estos últimos días es el alza de xenofobia y nacionalismo en Europa, quienes algunos comparan con los días del fascismo europeo. Tanto en Alemania como en Francia se han visto numerosas marchas nacionalistas y anti-islámicas, que antes se limitaba a unos pocos cientos de personas, pero que ahora son miles los que las protagonizan.

Un criterio personal

Yo me mantengo en la posición de que ningún ser humano merece ser amenazado o vivir con miedo por dibujar una caricatura, o por escribir un libro, o por cantar una canción. Creo fielmente en la libertad de cada quien de practicar la fe o religión que le plazca con tal de que estas creencias se mantengan a nivel de lo personal y que no se trate de forzar en otros miembros de la sociedad en cuestión. No creo que exista una religión en el mundo que sea inmune a la crítica y no creo que exista una religión en el mundo que merezca trato especial. Pero en mi opinión, es preciso también pensar antes de actuar y en caso de ofensa, uno debe estar preparado para asumir la responsabilidad de sus actos. Creo también que con el ataque a las oficinas de Charlie Hebdo, los atacantes solo lograron fortalecer a sus enemigos y debilitar su propia causa.

Todo esto lo digo consciente de que las críticas se dan por el extremismo de un grupo pequeño de seguidores del Islam, así como hay extremistas en cualquier otra religión y hasta en ideales seculares.

Es claro   que en este planeta hay lugares en los cuales se cometen violaciones a los Derechos Humanos de la población y que en muchas ocasiones son estimuladas por el fanatismo religioso, pero también sé que estas prácticas no son exclusivas del Islam (países como Etiopía y Nigeria tienen mala fama de practicar circuncisión en mujeres, o mutilación genital femenina, y a pesar de ser una práctica que con frecuencia se relaciona con el Islam, también se observa en países con mayorías cristianas e incluso judías. A su vez, en lugar de un problema islámico se debe ver como un problema cultural).

La otra realidad es que cientos de miles de musulmanes son víctimas de generalización y se ven obligados a aguantar reojos y murmullos de otras personas y todo por culpa de las acciones de algunos que consideran que su religión es más importante que la paz mundial o que la vida humana no vale nada o que utilizan la religión como un instrumento que avale sus actos barbáricos y la usan para justificar la violencia.

Manuel Del Moral
Especial para Capital Financiero

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