Tormenta financiera de agosto, llueve sobre mojado

Tormenta financiera de agosto, llueve sobre mojado

Sonsoles Castillo

Las fuertes correcciones que experimentaron los mercados financieros a principios de agosto y el entorno de alta volatilidad en el que se han movido desde entonces han hecho recordar los peores momentos de crisis financiera vividos hace casi ya tres años tras la quiebra de Lehman Brothers.

Algunos números hablan por sí mismos: Caídas de las bolsas (en el entorno del -10%), tensionamiento de las primas de riesgo país que en España e Italia elevaron los tipos de interés a diez años por encima del 6%, y revalorización de los denominados activos refugio, como el oro (+12%), los bonos del tesoro americano y alemán (las rentabilidades a diez años han tocado niveles inferiores al 2%!) y divisas como el franco suizo y el yen (que no el dólar). Pero hay otros aspectos  igualmente importantes de reseñar.

En un mundo en el que el apalancamiento es todavía alto y las necesidades de financiación son acuciantes, el repunte de la aversión al riesgo y el consiguiente  atesoramiento de liquidez a que da lugar, se convierte en un factor  crítico que puede estrangular el crecimiento. El acceso a los mercados por parte de los gobiernos de los países actualmente más cuestionados por los mercados, España e Italia,  se ha mantenido, pero, eso sí, tras haber superado un duro test a principios de agosto, cuando su prima de riesgo alcanzó niveles críticos (400 puntos básicos con Alemania) y sólo gracias a la intervención del Banco Central Europeo (BCE).

De momento, ambos han conseguido colocar montos en línea con lo previsto, e incluso en las subastas recientes lo están haciendo a precios más bajos que hace un mes, pero la demanda ha sido débil. Para el sector privado, el balance ha sido negativo. Agosto es, por definición, un mes flojo en colocaciones en el mercado privado, y este mes pasado lo ha sido especialmente. El sector corporativo no financiero prácticamente no ha emitido.

Ciertamente, los elevados precios han hecho poco apetecible la salida al mercado, pero tampoco está claro que hubiera mercado para salir. Para el sistema bancario, las condiciones no han sido mejores: El mercado primario europeo ha permanecido prácticamente cerrado por segundo mes consecutivo, sólo recientemente se aprecia una reapertura para grandes nombres y con instrumentos muy seguros; el mercado monetario ha dado señales de notable tensionamiento (tanto en la financiación en euros como en dólares), reflejo de la percepción de un aumento del riesgo de crédito; y en algunos países como Italia han elevado su apelación a financiación del BCE.

El reciente episodio  no ha sido el peor que han enfrentado los países desarrollados, pero lo más preocupante es que castiga a unas economías todavía muy debilitadas y vulnerables a los choques negativos, y en las que el margen de maniobra para minimizar los daños  es mínimo. En el origen de la tormenta vuelve a estar presente, una vez más, la crisis de deuda europea y su eventual impacto en el sistema financiero, al que se ha unido el riesgo de recaída de la economía estadounidense.

En el escenario central, ambos elementos estarán todavía presentes por unos meses, con lo que no se prevé una mejora sustancial de los mercados a muy corto plazo. Y la normalización de los mercados llevará mucho tiempo.

 

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