Tormentas políticas ensombrecieron el Foro de Davos

El contexto político de la reunión anual del WEF estuvo marcado por la inauguración de Donald Trump

El lema del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) es Comprometidos a mejorar el estado del mundo. Sin embargo, este año un mejor eslogan podría ser Defendiéndonos de un mundo hostil.

El año pasado concluí mi informe sobre Davos, donde las élites empresariales y políticas se han reunido desde la década de 1970, afirmando: Es posible aunque aún parece improbable que cuando el WEF se reúna el año entrante, el señor Trump será el presidente de Estados Unidos (EE.UU.) y el Reino Unido habrá votado por salirse de la Unión Europea (UE). Tales eventos pondrían al mundo de cabeza.

En los siguientes 12 meses, lo improbable se volvió realidad. Y aunque esta semana los delegados de Davos, alimentados por champán y canapés, hicieron todo lo que pudieron para pretender que no ha cambiado nada, en realidad, la visión del mundo representada por el WEF está siendo atacada como nunca antes.

El tema para el foro de este año fue Liderazgo responsable y receptivo. Pero el contexto político para la reunión anual estuvo marcado por la inauguración del señor Trump. Y el señor Trump no es una figura representativa de un líder responsable para la mayoría de los delegados de Davos.

El disgusto es mutuo. Para el presidente electo estadounidense y sus consejeros políticos, Davos representa el globalismo que han prometido destruir. Steve Bannon, quien será el principal estratega en la Casa Blanca de Trump, ha denunciado el partido de Davos, describiéndolo como una élite global sin raíces a la que no le interesan las personas comunes ni el estado-nación.

El proteccionismo prometido por el señor Trump es un atentado contra la premisa central de Davos, que afirma que el comercio y la inversión a nivel internacional son fuerzas para el bien. El llamado del nuevo presidente estadounidense para establecer una prohibición temporal a la entrada de todos los musulmanes en EE.UU. es lo opuesto al llamado por un dedicado diálogo multicultural que se escuchó este año en la presentación preliminar del WEF. El señor Trump también ha argumentado que el concepto del cambio climático fue inventado por los chinos como parte de un complot para destruir la industria estadounidense. Mientras tanto, el programa del WEF normalmente está lleno de sesiones sobre las políticas y la ciencia con respecto al cambio climático.

Simbólicamente, el último día del foro de este año, el 20 de enero, coincidió con el primer día de la presidencia del señor Trump, quien fue investido como presidente justo en el momento en que los delegados de Davos estaban empacando sus esquís y preparándose para la última noche de gala.

En ausencia del señor Trump, este año la principal estrella del foro fue Xi Jinping, el presidente de China. La decisión del líder chino de participar por primera vez en el foro es interesante. Debido a la ausencia física y espiritual del nuevo presidente estadounidense, es posible que el señor Xi haya decidido presentarse a una audición para el papel de líder responsable y receptivo del sistema económico internacional.

El señor Xi, quien ha sido el primer presidente de China en dirigirse a la reunión de Davos, pronunció comentarios tranquilizadores sobre temas importantes para los delegados, especialmente con respecto a la globalización y el cambio climático.

Su actuación estelar en Davos podría proporcionarle una gran recompensa al señor Xi. Es muy probable que el año entrante veamos crecientes tensiones entre EE.UU. y China sobre el comercio, Taiwán, Corea del Norte y el Mar de China Meridional. El señor Xi tendrá mucho interés en usar su presencia para argumentar el punto de vista de China frente a una audiencia influyente que incluye algunos de los principales líderes empresariales, financieros y gubernamentales en el mundo.

Otra administración que utilizó el foro de Davos para moldear la opinión internacional es el gobierno del Reino Unido. Los participantes de la cumbre no predijeron ni acogieron el resultado del referéndum del Reino Unido que resultó en su próxima salida de la UE. Durante el primer día del WEF, Theresa May, la primera ministra del Reino Unido, pronunció un discurso largamente esperado en Londres sobre el plan de Gran Bretaña para realizar el Brexit, el cual fue escuchado detenidamente en Davos.

La señora May no viajó a Suiza para atender el foro. Tampoco fue Ángela Merkel la Canciller alemana quien ha participado frecuentemente en el WEF tal vez porque sabe que Davos no es un destino apropiado en un año electoral. Tampoco vimos a François Hollande, el presidente de Francia, quien está de salida. El vicepresidente estadounidense Joe Biden otro político que va de salida también pronunció un discurso en Davos, estableciendo un equilibrio entre condenación del señor Trump y reafirmación para la audiencia del WEF.

Aunque los participantes del foro seguramente estuvieron ansiosos por escuchar un mensaje de reafirmación, no pudieron ignorar el hecho de que el WEF está operando en un contexto que ha sufrido un cambio radical.

La presentación preliminar del WEF comenzó aseverando que: Los eventos globales este año nos recuerdan que entre más complejo sea un sistema, mayor será la preocupación de la comunidad acerca de su futuro. Pero rápidamente continúa con las peticiones piadosas de siempre para una mayor cooperación internacional y un sincero diálogo multicultural.

Las banalidades bien intencionadas como éstas no serán de mucha ayuda conforme el WEF lucha por adaptarse a las tormentas políticas que asolan el mundo más allá de las montañas aledañas y protectoras de Davos.

Gideon Rachman
Financial Times

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