Tres factores encarecen la vida

Tres factores encarecen la vida

Imperfecciones del mercado golpean a consumidores

Los panameños están pagando con creces las distorsiones de la cadena de comercialización, la falta de competencia y los altos aranceles que protegen a productos de alta  demanda.
Esta situación ocasionará que este año los consumidores tengan  que desembolsar unos  $384,4 millones por sobre costos, que irán a parar a los bolsillos de los intermediarios y de los oligopolios que aún persisten.
Una  suma que se ha venido incrementando en los últimos años. Un estudio elaborado por el Banco Mundial (BM) para el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), presentado en el 2006,  puso de manifiesto que la falta de una efectiva política de libre comercio generaba un sobreprecio que alcanzaba en aquella época los $239 millones anuales.
Aplicando esos datos a la realidad actual, la suma ascendería a $348,4 millones, que representa un sobre costo de  $34,50 en el precio de la  canasta básica, que al pasado mes de marzo alcanzó los  $288, según publicaciones del MEF.
Las distorsiones en los precios incluyen a casi la totalidad de los productos de la canasta básica, como el caso del arroz, el grano básico de la alimentación de los panameños.
Los productores de arroz abastecen el 87% del mercado nacional  y en la actualidad el costo en finca alcanza los $19,60 por quintal, lo que supone un $0.19 por libra, pero el consumidor paga hasta $0.60 por libra en el comercio. Es decir, más del triple.
El informe revela que en Panamá se  paga un costo de molinería superior que en Colombia y Estados Unidos (EE.UU.), lo que incide en el alto precio del consumidor final.
Por ejemplo, el costo de molinería en Panamá asciende a $55,26 por cada tonelada, mientras que en Colombia el costo es de $17,35 y en Estados Unidos $46,14.
El mayor costo lo representa el proceso de secado, que en el país asciende a $23,12,  en comparación a los $6,11 y $8,55 de Colombia y Estados Unidos, respectivamente.
Otro disparador de los precios es el alto costo de los insumos. Como muestra, un productor panameño  invierte $96 en semilla por hectárea, $188,1 en fertilizante y $210,34 en agroquímicos. Mientras que por estos mismos insumos un arrocero de EE.UU. desembolsa $46, $107 y $138,6.
Y el sobreprecio que pagan los consumidores no es nuevo, ya en el 2005 el precio de arroz en el mercado internacional era de $22,39, pero en Panamá se comercializaba a $35,40. La protección arancelaria representaba un sobre costo del 47%.
Para importar arroz fuera de los contingentes extraordinarios se tiene que pagar un arancel de 102% y sólo tienen acceso a este contingente los molinos que adquieren la producción nacional.
Los altos aranceles también inciden en el alto costo del mercado local, toda vez que les permite a los distribuidores y comerciantes jugar con ese margen.
El costo de producción de este grano en el país es en ocasiones inferior al precio internacional, pero las distorsiones en la cadena de comercialización impiden que el precio disminuya.
El Tratado de Promoción Comercial (TPC) entre Panamá y EE.UU. que está en camino de ser ratificado por el Congreso estadounidense, introduce nueva reglas del juego en el comercio del arroz, que podrían impactar a los carteles de la comida  y obliga a los productores locales a mejorar su productividad, empezando por el rendimiento por hectárea.
Y es que el convenio comercial  establece que no se podría condicionar el acceso a la cantidad de contingente a la compra de producción local y cualquier procesador, minorista, restaurante, hotel o institución de servicio de alimentos, distribuidor o cualquier otra persona de Panamá que cumpla con los requisitos legales y administrativos es elegible para participar como importador en cualquier subasta, siempre que ninguna porción de la cantidad de contingente sea asignada a un grupo de productores.
El informe del Banco Mundial también hace referencia a que el maíz llegó a registrar en Panamá un sobreprecio de hasta  81%, con relación al mercado internacional.
La comercialización del maíz es menos complicada que la del arroz, ya que los productores locales sólo abastecen el 18% del mercado local, el resto se importa, principalmente de Estados Unidos, que es utilizado para la industria avícola y porcina.
La importación de este rubro también se hace bajo el mecanismo de contingente por desabastecimiento, fuera de este mecanismo el arancel supera el 50%.
Rafael Yrarrázaval y Roberto Martínez, autores del informe, al analizar el caso de la producción de maíz local señalaban que la misma no era competitiva.
La carne fue uno de los pocos productos estudiados en el informe que tenía precios locales menores a los del mercado internacional.
Por ejemplo, era inferior un 36% respecto a la carne de Estados Unidos, 13% menor que la de Chile y 1% más barata que en Australia, aunque en comparación  a Argentina el costo local era 49% mayor.
En tanto, la leche mantenía un sobre costo  promedio del 16%, con una incidencia en los costos al consumidor.
La medida utilizada para estimar el grado de protección es el porcentaje en que el precio doméstico supera el libre comercio.
En el caso de la papa y cebolla, por ejemplo, ese grado de protección llegó a alcanzar el 53% y 89%, respectivamente.
Y una situación similar correspondía al azúcar (74%), leche grado A (55%), leche grado B (36%), carne de pollo (32%), poroto (15%) y carne de cerdo (16%).
Pero en la carne de vacuno el grado de protección era nulo (0%) y en la leche grado C muy bajo (2%).
Los autores del informe ponen de manifiesto que la apertura del mercado generaría una reducción de un 12% en el precio de la canasta básica, aunque advierte que los productos locales más afectados serían  el arroz, el maíz y la caña de azúcar.
En los últimos nueve años, la ropa y los calzados, cuyos aranceles se ubican entre un 5% y un 15%, han experimentado una caída en los precios.
Por contraste, la comida, cuya tarifa arancelaria oscila entre el 74% y 272%, registra un incremento del 43% .
Pero no sólo estos elementos han representado millonarios desembolsos para los consumidores, sino que también el deficiente sistema de manejo y transporte de los alimentos ocasionan que el 40% de la producción se pierda y esta merma se traslada al precio del consumidor.
En el caso de la lechuga, la situación es aún más crítica: El 60% de la producción se pierde, según un informe de la Secretaría de la Cadena de Frío.
Es que la cadena logística es altamente ineficiente, los camiones que se utilizan no son los adecuados ni tampoco el tipo de empaque que se emplea.
Las lechugas son transportadas en cajas de madera, con un valor cada una de $1,25, la que luego hay que desechar, generando, además, un problema ambiental. Esto es lo que se hace en Panamá, en vez de emplear cajas plásticas, que son las que se emplean  en otros países por tener mayor durabilidad y en consecuencia menor costo.
En el caso de  los tomates, éstos son  limpiados con un  mismo paño, lo que significa que los enfermos contaminan al resto.
El informe también destaca que otro elemento que dificulta la realización efectiva de un sistema de libre comercio son los oligopolios.
El negocio del azúcar, por ejemplo, es controlado por dos empresas, el comercio al por menor lo dominan cuatro grandes cadenas de supermercados, la comercialización de carne recae en cinco familias, el mercado de productos lácteos lo dominan cuatro empresas y tres empresas controlan el negocio avícola.
Esto pone de manifiesto lo imperfecto del mercado panameño, en donde los productos suben de precio, pero muy pocas veces bajan. Y los consumidores siguen pagando las distorsiones existentes en la cadena de comercialización.

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