Un escenario económico glocal

European flags  in Brussels

El crecimiento en América Latina sufrió un fuerte bache en 2014, al reducirse al 0,8% para el conjunto de la región. Con todo, los indicadores recientes apuntan a que la desaceleración en Latinoamérica.

Se acerca la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, un buen momento para repasar el escenario económico global. Por resumirlo en pocas cifras, en BBVA Research estimamos que el Producto Interno Bruto (PIB) mundial habría crecido en el primer trimestre de 2015 a un ritmo anual en el rango entre 3,1% y 3,3%, unas décimas menos que el crecimiento de la segunda mitad de 2014, entre el 3,3% y el 3,6%, y cerca del promedio de la última década. Esta ligera desaceleración es consistente con el freno transitorio de Estados Unidos (EE.UU.), la paulatina recuperación de Europa y un crecimiento más bajo del grueso de economías emergentes, en particular de China.

El título del próximo informe semestral del FMI, Crecimiento desigual: Factores de corto y de largo plazo resume bien un panorama en el que, desde nuestro punto de vista, la diferenciación entre áreas económicas se acrecienta y los factores de alcance local ganan peso para entender lo que está pasando. No se trata de que la globalización económica esté frenándose, todo lo contrario; sino de que los factores de alcance global en estos momentos tienen impactos asimétricos.

El petróleo es el ejemplo perfecto de elemento de impacto asimétrico, ya que cambios en su precio alteran inmediatamente la transferencia de renta desde las economías consumidoras a las productoras. La reducción de las expectativas de precios del petróleo ha elevado las perspectivas de crecimiento de las primeras y reducido las de las segundas. Por otro lado, el efecto de las políticas monetarias de alcance global, en un entorno de libertad de flujos financieros, depende de la coincidencia o las divergencias entre al menos la Reserva Federal de EE.UU. (FED, por sus siglas en inglés), el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón. La FED ya no aumenta la liquidez global acrecentando su balance y está sugiriendo una subida de tipos de interés para este año; el BCE ha empezado a hacer lo contrario, una política de expansión cuantitativa como la que sigue el Banco de Japón, mientras que el Banco Central de China probablemente reduzca los tipos de interés más de lo que se esperaba hace poco. En resumen, estamos ante un escenario monetario que marca la salida del periodo de impulsos excepcionales, pero todavía laxo, y en el que crece el activismo en los mercados emergentes. Los recortes de tipos son casi generalizados (Brasil está entre las pocas excepciones) y las depreciaciones de las divisas frente al dólar también, buscando relajar las condiciones financieras locales en un entorno de crecimiento global menos favorable.

La interpretación benigna es que las economías emergentes utilizan el margen de maniobra que les da la libre fluctuación de sus monedas y el control de sus políticas económicas. Sería la recompensa por las reformas con las que lograron estabilizarse nominalmente anclando las perspectivas de inflación y limitando los desequilibrios fiscales y de cuenta corriente. Pero esa no es la única justificación. Hay diferencias entre emergentes.

No todos han anclado igual de firmemente sus expectativas de inflación o reducido por igual sus desequilibrios fiscales; tampoco han recurrido en la misma medida al ahorro externo para atender los aumentos de inversión y consumo doméstico ni sus empresas han apelado en la misma medida al endeudamiento en divisa extranjera (principalmente en dólares). Y finalmente, no todos están igual de expuestos a un entorno externo en el que el crecimiento de China seguirá bajando, lenta pero sostenidamente. Así, las restricciones para atender el servicio de su deuda, en general mayor tras años de búsqueda de rentabilidad en un escenario de expansiones cuantitativas generalizadas, divergen de forma notable.

Estas diferencias son las que los inversores también valoran y reflejan en los movimientos de flujos de capital, tipos de cambio y precios de los activos financieros; y en las que se observa una diferenciación geográfica mayor, atendiendo a las características locales mencionadas, a sus fortalezas y vulnerabilidades ante un escenario global menos favorable.

Parece claro que el análisis de las economías agrupándolas dentro de grupos grandes como emergentes o desarrolladas es algo, como poco, incompleto. Los factores globales importan, pero los locales también, más en un momento en el que el tono de los primeros está cambiando.   

Julián Cubero Calvo
Economista jefe
BBVA Research Madrid

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