Un indicador sin publicidad

Un indicador sin publicidad

Desde hace un par de semanas tanto en los medios de comunicación, como en el Gobierno y la empresa privada se ha publicitado y celebrado la mejora de Panamá en diversos índices de competitividad a nivel local e internacional.

Una mejora que sin dudas representará para el país nuevos beneficios que redundarán en fortalecer la imagen de Panamá como un destino atractivo para las inversiones y para hacer negocios.

Sin embargo, al margen de este escenario hay un indicador al que no se le ha presentado mayor atención y en el cual en vez de avanzar estamos retrocediendo a pasos agigantados y se trata de la institucionalidad.

En la medición del índice de competitividad institucional, específicamente en el ranking por países, pasamos de la posición 69 a la 75, es decir seis puestos hacia atrás. Esto nos muestra una dicotomía a lo interno del país, porque mientras somos la economía más competitiva de Centroamérica y la segunda de Latinoamérica, en el apartado institucional estamos en deuda y en una caída libre.

La génesis del caso de Panamá pasa por la confianza pública en los políticos. Si observamos lo que ha ocurrido en los últimos años se justifica un constante retroceso. Saltos de un partido a otro, acusaciones y ruptura de la alianza gubernamental son los ingredientes que se convierten en el caldo de cultivo de esa percepción.

De igual forma la falta de independencia judicial se convierte en otro elemento de valor para dudar del respeto a la institucionalidad en el país. Fallos controvertidos o acciones judiciales cuestionables encabezan los cuestionamientos hacia la justicia, sin pasar por alto la escogencia de los magistrados.

El favoritismo en decisiones de funcionarios de gobierno, es otro aspecto que en nada nos beneficia. Escándalos con licitaciones o adjudicaciones de tierras, son por decir, algunas de las reprochables acciones que no contribuyen a la imagen de la institucionalidad.

Por último, el crimen y la violencia, que aunque no parezca cobra cada día mayor protagonismo ante un impotente servicio de seguridad estatal.

Si vemos con perspectivas futuras, todo parece indicar que en las próximas mediciones lejos de mejorar vamos a retroceder más. Hay que tomar en cuenta todo lo que ocurre en la actualidad y lo que se nos viene encima a medida que se acerque el proceso electoral, que para algunos partidos ya comenzó.

Si el gobierno no realiza un giro de 180 grados en la conducción del aparato estatal, la institucionalidad pasará a ser un mero adorno y por ende un indicador que le va a restar competitividad al país, poniendo en riesgo inversiones y clima de negocios.

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias

Patrocinado por BANCO GENERAL