Una ciudad para otros 500 años

Una ciudad para otros 500 años
Desde su fundación la ciudad de Panamá se incorporó a la vocación natural del istmo, surgido del mar para unir lo que ese momento estaba separado| Cortesía

No cabe dudas que para cualquier ciudad arribar a los 500 años de existencia, como lo hace hoy la muy noble y leal ciudad de Nuestra señora de la Asunción de Panamá, debe ser motivo de celebración y regocijo para quienes en ella arriban, sin embargo, en nuestro caso es evidente que esta conmemoración debe ser acompañada por una profunda reflexión sobre la urbe que hemos construido y la que tenemos que comenzar a soñar para los próximos 500 años.

Lo primero que hay que tener presente es que desde su fundación la ciudad de Panamá se incorporó a la vocación natural del istmo, surgido del mar para unir lo que ese momento estaba separado, América del Norte y América del Sur, lo que facilitó la movilidad de plantas, animales y seres humanos en el continente, convirtiendo estas tierras en un área de tránsito y encuentro en la época prehispánica.

Después, con la llegada de los españoles a América y tras el “descubrimiento” del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa las poblaciones de Santa María la Antigua y Acla se trasladaron a la ciudad de Panamá, la cual se convertiría punto de partida para la conquista de Perú. Y que, gracias al desarrollo del Camino de Cruces, esta ciudad desempeño un papel estratégico como punto vital de una de rutas comerciales más importantes de la época, junto a Lima y La Habana, sellando así su destino como territorio al servicio del tránsito internacional de mercancías.

Esa vocación de lugar de tránsito y distribución de mercancías llamó la atención de los piratas y corsarios que plagaron las aguas del Caribe, y en 1671 la ciudad fue destruida en el ataque del pirata inglés Henry Morgan y nunca se reconstruyó porque se optó por trasladarla a un sitio que permitiera una defensa militar, en el área que hoy conocemos como el Casco Antiguo.

Mucho tiempo ha pasado desde que la ciudad se trasladó al nuevo emplazamiento, sin embargo, podemos convenir que el desarrollo de la moderna ciudad en la que hoy vivimos, con sus altos e imponentes edificios, su Cinta Costera y su Cerro Ancón, sigue siendo uno de los puntos más importante de encuentro y tránsito de mercancías y personas del continente, un rol que se consolido en 1855 con el inicio de operaciones del Ferrocarril de Panamá y el 15 agosto de 1914 con el inicio de labores del Canal de Panamá, cuando el vapor Ancón realizó su histórica travesía entre los océanos Atlántico y Pacífico.

Ciertamente el Canal de Panamá y la existencia de lo que después se llamaría “la zona de tránsito” marcó grandemente el desarrollo y crecimiento de la ciudad de Panamá, limitando su posibilidad de expandirse naturalmente y obligándola a asumir la forma de cono que la caracteriza hoy en día, aunque si se entiende el desarrollo de Panamá Oeste y Panamá este como resultado del crecimiento de la urbe tendríamos que hablar de una ciudad de 100 kilómetros de largo, en donde todas las rutas terminan o comienzan en el centro.

Esto ha generado serias complicaciones para la movilidad urbana, debido a la yuxtaposición de barrios y urbanizaciones residenciales cada vez más distantes del centro de la ciudad y en muchas ocasiones sin ninguna comunicación entre sí, ni acceso a servicios básicos como agua potable, energía, transporte, educación o servicios de salud.

Sin embargo, al cumplir 500 años de existencia, vale la pena que los ciudadanos de todos los niveles sociales comencemos a pensar en la ciudad que queremos para el futuro y organizarnos para impulsar los cambios que requerimos para que la ciudad de Panamá se convierta cada vez más en un espacio de convivencia para sus habitantes y deje de ser hostil para quienes no circulan en un automóvil.

Afortunadamente, la construcción de las líneas 1 y 2 del Metro, no sólo han facilitado la movilidad de la población que reside en los extremos Norte y Este de la urbe capitalina, sino que tienen el potencial para convertirse en el catalizador de un nuevo modelo de desarrollo urbano que tendría el sistema de transporte masivo como columna vertebral y la densificación de las zonas urbanas como objetivo, trayendo de vuelta a la ciudad a quienes hoy viven en las afueras porque no podían sufragar el costo de residir en el centro de la ciudad.

A esto tenemos que sumar el esfuerzo individual para hacer más llevadera la vida en la ciudad, mediante el desarrollo de espacios públicos centrados en el disfrute de los ciudadanos. Tenemos que ensayar con nuevos medios de movilidad, como las bicicletas y los scooters de alquiler, que nos ayuden a reducir nuestro impacto en la emisión de gases de efecto invernadero y a promover una vida sana.

Tenemos que soñar una ciudad hecha para el ciudadano y no para el automóvil, con opciones de movilidad para todos y con la capacidad para apropiarse de todo lo nuevo. Soñemos con una ciudad verde, reforestada y adoptada a las nuevas realidades climáticas y donde tengamos garantizado el suministro de agua potable.

Eso es lo que necesitamos hacer para que esta ciudad que cumple 500 años pueda cumplir otros 500 años más.

Editorial 
Capital Financiero
Especial 500 años de fundación de Panamá

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