Una inversión más pausada y eficiente

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Es comprensible que la decisión de la actual administración gubernamental, encabezada por el presidente de la República, Juan Carlos Varela, de ejecutar su programa de inversión de forma más pausada que la anterior, y cumpliendo estrictamente con las normas de licitación pública, genere algún malestar en la comunidad empresarial, que de alguna forma se había acostumbrado al ritmo frenético con que el ex presidente Ricardo Martinelli administró el país.

Durante la administración Martinelli se licitaron obras a diestra y siniestra, en muchos casos violentando las normas que regulan las licitaciones públicas y en otros recurriendo a modelos como diseño y construcción o  llave en mano que encarecían la ejecución de los proyectos e impedían tener certeza de cuál sería su costo final.

Se estima que durante esos cinco años los compromisos adquiridos en materia de inversión pública rondaron los $15.000 millones y que gran parte de esos dineros tendrán que ser cancelados por la actual administración.

Y ni hablar de la debacle moral que generó esa danza de millones en las filas del Ejecutivo encabezado por Martinelli. La no aplicación de las normas de licitación pública abrió la puerta para que empresarios inescrupulosos, en contubernio con funcionarios públicos irresponsables y sin criterio o respeto propio no solo derrocharan los recursos del Estado, sino que se aprovecharan de sus cargos para tratar de enriquecerse por medios no solo inmorales, sino presuntamente ilícitos.

Ante esta realidad es comprensible que el presidente Varela y su ministro de Economía y Finanzas, Dulcidio De La Guardia, apuesten a una ejecución más pausada del presupuesto de inversión aprobado para el presente quinquenio, 2014-2019, el cual se valora en $19.488 millones e incluye proyectos tan importantes como la Línea 2 del Metro de Panamá, la renovación  de la ciudad de Colón, la construcción del cuatro puente sobre el Canal, Línea 3 del Metro y la ampliación de la carretera Panamá-Arraiján.

Lo que se busca, según ha explicado el ministro De La Guardia, es un crecimiento menos volátil y por tanto más sostenible. Esto ayudaría a evitar el sobrecalientamiento de la economía, que en la administración pasada se tradujo en un incremento desmesurado de los precios medidos a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y del costo calórico de la Canasta Básica Familiar de Alimentos.

También es importante señalar que los empresarios deben comprender que el Estado marcha a un ritmo distinto al de sus empresas debido a que los funcionarios públicos sólo pueden hacer lo que la Ley les permite y ellos, como ciudadanos particulares ,pueden hacer todo lo que la ley no les prohíbe. Por lo que la única manera de lograr que ambas partes empujen al país por la senda del crecimiento económico y el desarrollo social es el establecimiento de mecanismos permanentes de diálogo y colaboración.

No obstante, dicho esto, también hay que decir que la persecución de presuntos delitos contra la administración pública durante la pasada administración no se puede convertir en la excusa para que quienes hoy administran el Estado paralicen la ejecución presupuestaria.

Ciertamente, habrá funcionarios que por temor a cometer errores de los que luego les podría pedir cuenta un fiscal, tal como ocurre actualmente, esté paralizado y no adelante la ejecución del presupuesto de inversión en algunas entidades, pero lo importante es que el presidente Varela mande un mensaje claro y tal como ha removido a algunos funcionarios cuyas actuaciones no fueron de su agrado, también lo haga con aquellos que insistan en ignorar su orden de comenzar a licitar las obras que necesita el país para mejorar su competitividad y para garantizar su crecimiento presente y futuro.

Por lo pronto, la reunión sostenida por Varela y sus ministros con la Junta Directiva de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap) sin duda alguna ayudará a que el Ejecutivo y la empresa privada definan juntos la hoja de ruta que requiere el país, aunque hay que recordar a ambos actores que no deben olvidar que los trabajadores también son una factor que deben tomarse en cuenta cuando hablamos de crecimiento económico y desarrollo. 

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