Una realidad que se debe enfrentar

Una realidad que se debe enfrentar
La media salarial en el país sea de $721.90 mensuales, un monto que está por debajo del promedio del salario mínimo vigente que es de $725.00 mensuales, y que el nivel de escolaridad de la mano de obra activa no agrícola sea de solo 11.5 años.| Cortesía

La más reciente Encuesta del Mercado Laboral (EML) desarrollada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Ince) de la Contraloría General de la República nos ha hecho evidente una realidad que ya todos habíamos percibido, que la tasa de desempleo en el país se ha incrementado significativamente al pasar de 6% a 7.1% en el último año (agosto 2018 versus agosto de 2019).

Sin embargo, esa no es la cifra más preocupante de todas las que se generaron en este estudio. Por ejemplo, es más preocupante que la tasa de desocupación entre los jóvenes sea de 57.1%, es decir, ocho veces más que el promedio nacional, también que la media salarial en el país sea de $721.90 mensuales, un monto que está por debajo del promedio del salario mínimo vigente que es de $725.00 mensuales, y que el nivel de escolaridad de la mano de obra activa no agrícola sea de solo 11.5 años, lo que significa que la mayoría de nuestros trabajadores ni siquiera han culminado los estudios secundarios. Y la cereza del pastel: 45% de la población labora en el sector informal.

Eso nos permite hacer una radiografía de nuestra mano de obra: Jóvenes que abandonan los colegios y por su baja formación académica acceden a empleos informales, sin salario mínimo ni seguridad social, o a empleos que requieren poca preparación, pero en los que los salarios son bajos, limitando sus posibilidades de alcanzar una buena calidad de vida y de brindarle una educación de calidad a sus familias.  Un círculo vicioso que se perpetúa en el tiempo, repitiéndose de generación en generación.

Algo que agrava esta situación es la crisis que enfrenta la construcción, ya que en el pasado debido al fuerte crecimiento de la inversión pública en infraestructura y al desarrollo de un gran número de proyectos residenciales impulsados por la empresa privada, parte de esa mano de obra no calificada era canalizada a este sector, donde gracias a las convenciones salariales pactadas entre la Cámara Panameña de la Construcción (Capac) y el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs), les permitía acceder a ingresos muy por encima de la media nacional y del salario mínimo. Pero tras la huelga de mayo 2018, la situación ha cambiado radicalmente y el empleo en el sector construcción no solo ha dejado de crecer, sino que ha disminuido significativamente.

En conclusión: Estamos ante un problema complejo que requiere de una solución integral y del aporte de todos. Todos tenemos que hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr que nuestra juventud comprenda que sus ingresos futuros están íntimamente vinculados al número de años de educación formal que logren alcanzar.

No es una tarea fácil y prueba de ello es que cuando se estableció la mal llamada “Beca Universal”, el objetivo principal era precisamente reducir la deserción escolar, una meta que no se logró y, pero aún, la realidad es que este fenómeno social en lugar de reducirse se ha incrementado.

Además, un joven que carece de formación académica también carece de muchas de las habilidades necesarias para ser exitoso en el mercado laboral: Carece de puntualidad, conocimientos básicos de aritmética, responsabilidad, conocimiento de lectoescritura, trabajo en equipo e inteligencia emocional.

Por supuesto, para encontrar una solución hay que reconocer que se tiene un problema, generar un amplio debate sobre posibles soluciones, definir una hoja de ruta y finalmente actuar con decisión y valentía. Y lo primero que hay que reconocer es que los métodos educativos que se aplican en nuestro país no son los que demanda el Siglo XXI en que vivimos, lo que exige cambios en el modelo de enseñanza, cambios que deben abarcar tanto de las normas que lo regentan como las prácticas de los docentes que lo aplican. Hoy los jóvenes exigen una educación más interactiva, donde la tecnología y las actividades lúdicas les permitan explorar por sí mismos el mundo y acumular conocimientos, lo que implica que el docente debe ser más un guía en la aventura de aprender.

También es importante destacar el papel que hoy en día deben jugar las empresas en la formación de su recurso humano, emulando programas de educación dual en los que el joven acude al colegio en horas de la mañana, pero en la tarde recibe entrenamiento en un oficio específico, que muchas veces está vinculado con su formación académica, en una empresa determinada, la cual le garantiza un puesto de trabajo en su plantilla al culminar su preparación.

No debemos olvidar el papel del padre de familia, que debe preocuparse por acompañar e impulsar a sus hijos para que estudien y se preparen debidamente, para ser hombres y mujeres productivos y exitosos, capaces de competir con cualquier otro profesional aquí o en cualquier parte del mundo.

La educación siempre ha sido una ruta para la movilidad social y así debe seguir siendo, porque si la población deja de soñar que con estudio y trabajo duro se puede alcanzar una vida mejor, estaremos sembrando las condiciones para grandes estallidos sociales como los que estamos observando hoy en diversos países de la región como Chile y Colombia.

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