Violencia injustificable

Violencia injustificable

Hitler Cigarruista

hcigarruista@capital.com.pa

Editor

Que un ciudadano reclame fuera de sí y un policía tome medidas de fuerza para reducirlo y arrestarlo por irrespeto a la autoridad, puede pasar y es entendible. Pero lo que no puede pasar, ni justificarse, es que una vez un ciudadano, sea quien sea, es reducido y esposado, uno o varios miembros de la Policía Nacional le propinen una golpiza para desquitar cualquier lesión física o insulto que haya recibido.

Sin embargo, para mí lo peor es que cada vez que se registra un incidente de este tipo el director de la Policía Nacional, Gustavo Pérez, y todos sus subalternos cierran filas para negar o justificar la forma grosera, irrespetuosa y cada vez más violenta como las unidades de esa entidad de seguridad pública tratan a los ciudadanos.

Todo parece indicar que los miembros de la Policía Nacional están convencidos que la placa que portan es una patente de corso, que les faculta no sólo para establecer retenes a diestra y siniestra, sin importar el impacto que esto puede tener en la vida de quienes son sometidos a requisas a toda vista ilegales (porque violentan la presunción de inocencia y el supuestamente sagrado derecho al libre tránsito), sino también para insultar, agredir físicamente o retener ilegalmente (hasta por 24 horas) a cualquier ciudadano que rechase sus acciones o no se sometan a sus caprichosas acciones.

Este accionar de los miembros de la Policía Nacional responde a la política de remilitarización de la Fuerza Pública que a juicio ha implementado la actual administración, en la que todos los ciudadanos (especialmente los pobres) son considerados como potenciales enemigos del Estado y por tanto la labor de la Policía similar a la de un ejercito de ocupación, es decir, reprimirlos, someterlos y matenerlos a raya, para evitar que cualquier posibilidad de que se registren explosiones sociales.

Precisamente es esto lo que explica por qué los retenes se instalan en urbanizaciones y barrios donde residen personas humildes y de clase media, en lugar de atacar aquellas zonas en las que todos sabemos que el crímen se ha enquistado. Y que los policías se ensañan con periodistas, doctores, docentes, abogados, estudiantes y obreros de la construcción.

El problema es que mientras los policías se ocupan de reprimir protestas sociales, golpear a ciudadanos que se quejan por sus ilegales retenes o cuestionan el uso del Pele Police a humildes obreros que se dirigen a sus trabajos en horas de la mañana, el crimen organizado sigue creciendo en el país, todos los días siguen apareciendo ejecutados y los ladrones se envalentonan al punto que ahora se roban los laboratorios de computo de las escuelas públicas completamente.

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