Wall Street cosecha la volatilidad que sembró

Wall Street cosecha la volatilidad que sembró

David Reilly 

Dow Jones

He aquí una pregunta capciosa: ¿Bank of America generó en el tercer trimestre a) Ganancias de 56 centavos por acción, b) 27 centavos, c) una pérdida de dos centavos o d) todas las anteriores?

La respuesta es d, gracias a una decena de artículos especiales que los inversionistas pueden incluir o excluir cuando tratan de descifrar el desempeño real del banco. El principal entre ellos fueron los $6.200 millones en ganancias debido a la reducción del valor de la propia deuda del banco.

Los inversionistas podrían tener que prepararse para otra dosis de este tipo de contabilidad en el actual trimestre. Ahora que la crisis europea ha pasado, de momento, a segundo plano, las deudas de los grandes bancos han vuelto a llamar la atención. El costo de protegerse contra una cesación de pagos de Bank of America ha caído cerca de 26% desde el 30 de septiembre, luego de un incremento de 170% en el tercer trimestre. Si el declive continúa, los avances del último trimestre podrían revertirse, lo cual afectaría las ganancias del cuarto trimestre. 

¿Confundido? Muchos inversionistas se sienten igual. Incluso los analistas y banqueros han pasado apuros para hallar una forma de comparar los resultados de los grandes bancos como Bank of America, Citigroup, J.P. Morgan Chase, Morgan Stanley y Goldman Sachs Group. Eso se debe a la naturaleza contraria al sentido común de esas ganancias. Ya que los bancos las registran como el valor de sus propias pérdidas de deuda, una firma podría, en teoría, imprimir dinero al mismo tiempo que se declara en quiebra. Para empeorar las cosas, los bancos individuales a menudo usan términos diferentes para describir estas ganancias y las revelan de formas diferentes.

Estas estrategias alimentan el debate sobre si se deben cambiar las reglas de contabilidad. No obstante, existe una pequeña ironía de la que pocos saben: El problema es una creación principalmente de Wall Street. Y esto resalta cómo los grandes bancos prefieren las ventajas a corto plazo que a menudo terminan por afectarles.

Para entender el por qué, considere que los bancos no están obligados a registrar la mayoría de sus ganancias o pérdidas ocasionadas por cambios en el valor de su deuda (a diferencia de los derivados, en los que debe contabilizarse). Los bancos escogen hacerlo y cuando los bancos deciden contabilizar su deuda, tiende a afectar apenas a una pequeña porción de sus pasivos totales. En el segundo trimestre, Bank of America contabilizó a precio de mercado $60.700 millones de $427.000 millones en deuda a largo plazo. Eso equivale a apenas un 3% de los pasivos totales del banco, los cuales ascendieron a $2,04 billones (millones de millones).

Además, los bancos que contabilizan porciones de su deuda a menudo lo hacen debido a que emiten las llamadas notas estructuradas. Estas notas son bonos con una característica especial, el pago final al tenedor depende usualmente de los cambios en otros instrumentos como el índice S&P 500 o una canasta de commodities.

A los grandes bancos les gustan estos instrumentos ya que a menudo les reportan un costo de financiación más bajo. Al incrustar un derivado en el instrumento, también pueden generar comisiones y podría conducir a más negocios de corretaje. Sin embargo, según las reglas contables, los bancos no pueden obtener cobertura para ese derivado incrustado.

Así que a mediados de la década de 2000, Wall Street hizo presión para cambiar una regla contable que les permitió usar precios de mercado para casi cualquier cosa en sus balances. Eso hizo que fuera más sencillo el evitar disparidades contables, pero también implicó que Wall Street podía contabilizar esas notas estructuradas bajo precios de mercado, permitiéndoles obtener cobertura para el derivado en su contabilidad.

En aquel momento a los bancos no les preocupaban los grandes cambios en el valor de su propia deuda. Los bonos se mantenían estables y el mercado de los seguros contra cesación de pagos estaba en su infancia. La crisis financiera cambió todo esto, a medida que los bancos tambaleaban, sus bonos y seguros contra cesación de pagos se movieron de forma marcada. Eso condujo al tipo de ganancias y pérdidas desmesuradas que ahora afectan a los resultados de los bancos.

Así que en vez de reaccionar con otro cambio de reglas para aliviar la volatilidad, debería haber un debate sobre los beneficios y peligros de que las compañías puedan contabilizar su deuda a precios de mercado. Además, la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. debería emitir una directriz para que los bancos registren estos cambios de manera similar y los presenten de la misma forma.

No deberían hacerse cambios pequeños tan sólo porque Wall Street no puede asumir sus propios errores.

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