¿Y dónde está todo el mundo?

¿Y dónde está todo el mundo?

Todo apuntan a un universo con más de una civilización

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El universo, tan amplio y tan desconocido. Constantemente nos encontramos descubriendo y redescubriendo nuestro vecindario cósmico. Tal y como el reconocido astrónomo Carl Sagan solía decir: Apenas nos mojamos los tobillos en un océano de conocimiento y como el escritor estadounidense H.P. Lovecraft reiteraba: Vivimos en una placida isla de ignorancia, rodeada por los negros mares del infinito.

Hay sentimientos encontrados, algunos de paz y calma al entender que somos parte de algo más grande que nosotros mismos, algunos sentimientos de miedo y negación ante la inmensidad de nuestra situación.

Este conflicto existencial se resume en otra cita muy famosa de  Arthur C. Clarke,  quien dijo que  existen dos posibilidades;   estamos solos en el universo, o no lo estamos y ambas  son igual de terroríficas.

Pero fue simultáneamente básica y compleja la pregunta del físico italiano Enrico Fermi cuando cuestiono: ¿Y dónde está todo el mundo?. Lastimosamente, no se  puede entrar  a discutir este tema sin especular un poco.

El motivo de la pregunta es claro. Si el universo contiene miles de millones de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas, y se estima que la mayoría tiene planetas orbitando, y que varios de estos pueden presentar condiciones similares a las de nuestro propio planeta, las probabilidades apuntan a un universo lleno de vida, con más de una civilización avanzada (o por lo menos hasta nuestro punto, nuestra existencia es evidencia de esto). El problema radica en la falta de contacto. Nada ni nadie se ha puesto en contacto con nosotros, ni viceversa.

En parte se debe a lo joven que es nuestra especie, tanto en la escala evolutiva como en avances tecnológicos. Una esfera de señales de radio rodea nuestro planeta, y desde sus inicios, ha continuado su expansión a la velocidad de la luz. El problema es que en los casi 110 años de transmisiones esta esfera solo se ha podido extender a un diámetro de 220 años luz, que en relación al diámetro de nuestra galaxia no es nada.

El otro problema es que en la medida  que la distancia aumenta, la señal se degrada y se esparce, como las ondas cuando sueltas una roca en un charco de agua. Afortunadamente, las señales se pueden concentrar y enfocar en un punto para que no se pierda tanta información.

Otra curiosa interrogante, considerando nuestra ceguera cósmica, es ¿Sí es sabio transmitir ciegamente hacia el espacio? ¿No debería una especia joven como la nuestra tratar de escuchar primero? Cabe la posibilidad que lo que estamos haciendo es gritarle al resto de la galaxia nuestra ignorancia y notificar que no sabemos dónde estamos o  hacia  dónde vamos.

De un punto de vista evolutivo, el problema puede ser lo que se ha denominado como El Gran Filtro.

Este filtro es una forma de describir un punto en la evolución de las especies que es o muy improbable o simplemente imposible. Como cuando empezó la vida aquí en la Tierra, que se  pasó de la simple célula procariota a la compleja eucariota, este salto no se dio hasta casi 2.000 millones de años después.

Es muy posible que haya vida en gran parte del universo y no sea tan diferente a nuestras células procariotas.

Tampoco se elimina la posibilidad que  nosotros seamos los primeros en pasar  por este Gran Filtro, así como no se elimina la posibilidad de que aún no llegamos a ese punto, situación problemática.

En fin, las teorías sobran y mi espacio para redactarlas no. Como experimento, es un excelente tema que pone a la mente a hacer un poco de ejercicio, sin embargo, mientras no haya un contacto de algún tipo queda en especulación y todo vuelve a la duda. 

Manuel Del Moral
Especial para Capital Financiero

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